El meloncillo, un pequeño carnívoro de apenas 20 centímetros de altura y 3 kilos de peso, ha ido ganando terreno en Zamora y Castilla y León. Aunque su nombre suele despertar recelos y mitos entre cazadores y aficionados a la fauna, la realidad es muy diferente: no es un depredador peligroso ni representa un riesgo para la ganadería o la caza menor, sino que se integra en el ecosistema cumpliendo un papel ecológico fundamental.
Según el biólogo y divulgador Javier Talegón, que acaba de publicar una nota en la revista Galemys. Spanish Journal of Mammalogy, el meloncillo es autóctono y se ha expandido de manera natural desde Extremadura y Salamanca hasta Zamora. “No se trata de un animal introducido ni exótico; su expansión es fruto de su adaptabilidad, el cambio climático y la matorralización”, explica Talegón. El estudio, realizado junto a Cristian Osorio y José Alfredo Hernández, documenta 41 nuevas cuadrículas UTM donde antes no se había citado la especie, con registros en ocho de las nueve provincias de la comunidad.
En Zamora, los primeros avistamientos datan de 1996 en localidades como Tábara, San Pedro de las Herrerías y Ferreras de Arriba. Desde entonces, el meloncillo ha colonizado el sur y el este de la provincia, así como zonas de la Sierra de la Culebra y Sayago. Las observaciones se basan en fototrampeo, ejemplares atropellados y avistamientos directos entre 2011 y 2021, lo que confirma la presencia creciente del animal en toda la región.
Lejos de ser un depredador feroz, el meloncillo es un animal carroñero, en ocasiones, y oportunista. Su dieta incluye escarabajos, topillos, ratones y anfibios, y también restos de ciervos y jabalíes, siempre después de su muerte. “Puede consumir gazapos o conejos, pero la percepción de su impacto en la caza es mucho mayor que la realidad; en muchos casos incluso ayuda a controlar plagas agrícolas”, señala Talegón.
Otro mito desmentido es la idea de que pueda generar superpoblación. Como casi todas las especies, el meloncillo cuenta con mecanismos naturales de autorregulación, y apenas un 3% de los ejemplares sobreviven más de dos años. Los datos recopilados muestran que su expansión en Castilla y León se dirige principalmente hacia el norte y, en menor medida, hacia el este, concentrándose sobre todo en la mitad occidental de la comunidad. Provincias como Salamanca y Zamora presentan una consolidación clara de la especie, mientras que en Valladolid y Ávila su presencia es creciente pero más dispersa.
Con su tamaño compacto y hábitos discretos, el meloncillo desafía la mala fama que le precede. Ni amenazante ni invasor, este carnívoro silencioso demuestra que incluso las especies más modestas cumplen un papel crucial en el equilibrio del ecosistema, controlando plagas y enriqueciendo la biodiversidad. En Zamora y Castilla y León, su presencia no es un problema: es un mensaje vivo de adaptación, resiliencia y armonía con el entorno.