El humor sin vergüenza de J. J. Vaquero pone en pie al Ramos Carrión

Vaquero ante el público del Ramos Carrión
Pocos entendían anoche el título del nuevo espectáculo del monologuista de Valladolid cuando se abrió el telón. "El cómico más reconocible de espaldas" del panorama nacional tardó apenas media función en despejar la incógnita y enseñar el culo. Literalmente. Fue la confirmación de que Vaquero había venido a Zamora a hacer lo que mejor sabe: humor sin filtros, sin contención y sin complejos, ante un teatro lleno hasta la bandera.

J. J. Vaquero regresó este viernes, 9 de enero, a Zamora con el cartel de no hay billetes colgado en el Teatro Ramos Carrión y un público entregado desde el primer minuto. El humorista vallisoletano arrancó el espectáculo felicitando el año a los zamoranos, un gesto que sirvió de antesala a una hora y media de monólogo en el que no dejó títere con cabeza.

El primer guiño local llegó muy pronto. Vaquero contó que había pasado por la zona de Santa Clara y se había topado con la Droguería Vaquero, cerrada desde hace años y con un cartel de “se traspasa”. La coincidencia de apellido y el aspecto del local le dieron pie a bromear sobre los presagios para 2026, en uno de esos momentos de complicidad inmediata con el público que marcaron toda la actuación.

A partir de ahí, el cómico desplegó su repertorio habitual: chistes verdes, anécdotas familiares, referencias a la monarquía, la política, la Iglesia y una buena dosis de humor autobiográfico. Todo pasado por el filtro de un Vaquero deslenguado, provocador y orgullosamente incorrecto.

Vaquero en su actuación en el Teatro Ramos Carrión

Ni siquiera el propio Teatro Ramos Carrión se libró de sus chanzas. Siguiendo la estela de su amigo Álex Clavero, Vaquero cargó contra la arquitectura interior del edificio, asegurando que siempre le ha parecido una construcción hecha a base de contenedores amarillos, de esos que se acumulan en los puertos. Una comparación tan surrealista como efectiva que volvió a arrancar carcajadas y aplausos del público, especialmente cuando insistió en que no sabía si estaba actuando en Zamora o en una terminal portuaria.

Uno de los momentos clave de la noche llegó cuando, mediado el espectáculo, el título cobró todo su sentido. En un gesto tan irreverente como celebrado, Vaquero se bajó los pantalones y mostró el señor culo, tatuaje incluido, provocando una explosión de risas y aplausos. Una escena que resume a la perfección su estilo: directo, escatológico cuando hace falta y completamente ajeno al pudor.

Vaquero "de espaldas"

Ni siquiera el propio Teatro Ramos Carrión se libró de los dardos. Al igual que ya hiciera Álex Clavero en su día, Vaquero ironizó sobre la arquitectura del edificio, comparándolo con una construcción hecha a base de contenedores amarillos de algún puerto de España —o de fuera—, uno de los chistes más celebrados de la noche.

El monólogo también sirvió para repasar su trayectoria profesional. Actor, cómico y guionista, Vaquero recordó su etapa como guionista de El Hormiguero, su faceta como director con Sujétame el cubata y una carrera que le ha llevado a actuar en salas, teatros, radios, televisiones e incluso, según él mismo contó, en alguna cárcel.

Lleno absoluto para ver a Vaquero

El cierre fue contundente. El público del Ramos Carrión se levantó de las butacas para despedir con una ovación a un humorista que, con esa pinta de tipo corriente que él mismo reivindica, sigue llenando teatros allá por donde pasa. En Zamora lo hizo fiel a su esencia: sin vergüenza, sin pelos en la lengua y con el señor culo como inesperado protagonista.