Zamora vive estos días una primavera adelantada, con temperaturas cercanas a los 22 grados de máxima, y eso se nota también en la fauna que convive con la ciudad. Las cigüeñas, tradicionalmente migratorias, ya no se marchan en invierno como lo hacían hace apenas unas décadas. Muchas se quedan todo el año en la provincia, aprovechando la abundancia de alimento y un clima cada vez más benigno.
La escena de esta misma mañana confirma una realidad que los naturalistas llevan tiempo señalando: la fauna salvaje se está acercando cada vez más a las ciudades.
Zamora, un pequeño refugio para la fauna
El corredor del río Duero y las zonas verdes cercanas se han convertido en un auténtico refugio para especies que antes apenas se dejaban ver cerca de zonas urbanas. En los últimos años, vecinos y paseantes han documentado la presencia de animales que hace no tanto parecían propios únicamente del monte.
En los alrededores de la capital se han visto:
-
Nutrias, cada vez más frecuentes en el Duero
-
Castores, cuya presencia ha sorprendido a muchos vecinos
-
Zorros, habituales en las periferias urbanas
-
Lobos, detectados en zonas cercanas a la ciudad
-
Halcones, que encuentran en las torres y edificios altos un perfecto mirador de caza
-
Y, por supuesto, las cigüeñas, que se han convertido en un símbolo de esta nueva convivencia entre naturaleza y ciudad.
De migratorias a residentes
Durante generaciones se aprendía en la escuela aquello de que las cigüeñas se marchaban a África en invierno. Hoy esa imagen empieza a formar parte del pasado. El cambio climático, la disponibilidad de alimento y la adaptación de la especie han transformado su comportamiento. Muchas cigüeñas ya no migran. Permanecen en España todo el año y utilizan campanarios, torres y estructuras urbanas para instalar sus nidos.
Zamora, con su patrimonio monumental y su cercanía al río, es un lugar perfecto para ellas. Por eso no resulta extraño que, como ocurrió esta mañana, una de estas aves se deje ver paseando tranquilamente por los jardines, ajena al tráfico y al bullicio de la ciudad.
Una escena cada vez más normal
Lo que hace unos años habría provocado sorpresa, hoy empieza a ser parte de la normalidad. Zamora sigue siendo una ciudad donde la naturaleza convive muy cerca de las personas. Entre paseos junto al Duero, jardines urbanos y temperaturas primaverales, las cigüeñas ya no solo sobrevuelan la ciudad: también la recorren caminando. Y quizá esa sea la mejor imagen de lo que está ocurriendo: de aquel cuento infantil de “pico, pico, pata” a una realidad donde la fauna salvaje vuelve a formar parte del paisaje cotidiano.