En lo alto del edificio que durante décadas albergó al Banco Herrero y que hoy ocupa el Banco Sabadell, un reloj centenario observa la ciudad desde su privilegiada posición. Muchos turistas alzan la mirada, admirando la belleza del edificio y de su mecanismo, pero no siempre se percatan de que el reloj tiene vida propia: lleva años sin funcionar correctamente y, en ocasiones puntuales, marca la hora… a su manera.
El edificio, obra de Enrique Crespo, es uno de los más representativos de Zamora, y su reloj, pese a su prestigio histórico, se ha convertido en un símbolo de la ciudad que parece resistirse al paso del tiempo de manera convencional. Mientras otros relojes sincronizan su tic-tac con precisión suiza, este mecanismo centenario decide su propio ritmo: o no funciona o un día marca una hora, y al siguiente, otra, sin seguir el huso horario convencional.
La situación no pasó desapercibida para los zamoranos, que han reclamado que se repare el reloj. La petición fue atendida por el director general adjunto del Banco Sabadell, también director territorial de la zona noroeste, que tomó el guante para que el reloj volvería a marcar bien las horas. Pero, por el momento, la frase "funciona como un reloj suizo" no parece ir con este mecanismo en una ciudad que también va a su ritmo. La imagen que acompaña esta crónica fue realizada este miércoles a las 11.30 de la mañana, pero el reloj no pasó de marcar las 10 horas.
Aunque no es propiedad del banco, el reloj corona uno de sus inmuebles más emblemáticos y su reparación simboliza la conexión entre historia, ciudad y memoria colectiva. Ahora, la expectativa recae en ver cómo este vigía centenario recupera su pulso, recordando a todos que en Zamora, incluso los relojes, tienen carácter propio.