No por méritos deportivos, empresariales o sociales, sino por todo lo contrario.
La presencia de Víctor de Aldama vinculada una vez más al entorno del Zamora CF ha vuelto a abrir un debate que en la ciudad nunca termina de cerrarse. No hablamos de legalidades, porque para eso están los tribunales. Hablamos de imagen, de reputación y de sentido común.
Porque una cosa es que alguien tenga derecho a defenderse y otra muy distinta que una ciudad entera tenga que sentirse cómoda viendo cómo su nombre aparece constantemente asociado a escándalos, tramas, comisiones, investigaciones y tertulias televisivas de madrugada donde la palabra "corrupción" sale más veces que la de "fútbol".
El problema no es Aldama. El problema es que Zamora vuelva a aparecer en los titulares por Aldama.
Mientras miles de zamoranos trabajan cada día levantando persianas, cuidando explotaciones ganaderas, sacando adelante negocios familiares o defendiendo el nombre de la provincia dentro y fuera de España, resulta complicado explicar que uno de los símbolos deportivos de la ciudad siga proyectando una sombra que muchos creían superada.
Porque el Zamora CF debería ser noticia por ascensos, por llenos en el Ruta de la Plata, por la cantera, por sus aficionados y por esa pasión rojiblanca que ha sobrevivido a todo. No por convertirse periódicamente en escenario de un personaje que parece vivir instalado entre platós de televisión, sumarios judiciales y exclusivas de última hora.
Y aquí es donde aparece la pregunta incómoda.
¿De verdad beneficia al Zamora CF S.A.D.?
¿De verdad beneficia a la ciudad?
¿De verdad beneficia a la imagen de los zamoranos?
Porque cuando alguien se fotografía con determinados personajes suele pensar que se está acercando al poder. El problema llega cuando ese supuesto poder acaba apareciendo en portadas por razones poco edificantes. Entonces la foto deja de ser un trofeo para convertirse en un incómodo recuerdo.
Ya ocurrió con aquella célebre imagen de Aldama junto a Pedro Sánchez que tantos ríos de tinta ha generado. Una instantánea que en su día parecía una foto más y que hoy es utilizada por unos y otros como munición política.
Las fotografías tienen esa mala costumbre: envejecen peor que las personas.
Mientras tanto, Zamora vuelve a verse atrapada en una historia que no ha escrito. Una provincia acostumbrada a pelear contra el olvido, la despoblación y la falta de inversiones, pero que de vez en cuando aparece en el foco mediático por asuntos que poco tienen que ver con el trabajo honrado de sus vecinos.
Y es ahí donde surge la verdadera vergüenza.
No la de quien aparece en un palco.
No la de quien se deja fotografiar.
Ni siquiera la de quien busca cámaras donde otros buscan discreción.
La vergüenza es que un club histórico y una ciudad entera tengan que volver a escuchar su nombre mezclado con las mismas palabras de siempre: corrupción, comisiones, tramas, investigaciones y escándalos.
Quizá haya quien piense que toda publicidad es buena publicidad. Que salir en televisión siempre suma. Que lo importante es que hablen de uno.
Error.
Porque cuando el ruido supera al prestigio, cuando el personaje eclipsa a la institución y cuando la polémica pesa más que los valores de una ciudad, lo que queda no es notoriedad. Lo que queda es desgaste.
Y Zamora, sinceramente, merece bastante más que convertirse en el decorado de otro capítulo de este interminable serial nacional.
Un serial que confirma que seguimos viviendo en un país donde algunos pasan más tiempo en los platós que dando explicaciones, donde los programas sensacionalistas sustituyen demasiadas veces a la información rigurosa y donde el espectáculo parece cotizar más alto que la ejemplaridad.
El Zamora CF es mucho más que cualquier dirigente, expresidente o personaje de moda. Lo construyeron generaciones de aficionados que sufrieron descensos, celebraron ascensos y llenaron el Ruta de la Plata cuando nadie miraba hacia aquí.
Por eso la pregunta sigue flotando en el aire.
¿Es positivo para Zamora que su nombre siga asociado a Víctor de Aldama?
Cada cual tendrá su respuesta.
Los zamoranos, afortunadamente, hace tiempo que aprendieron a distinguir entre quien presume de salir en la foto y quien trabaja cada día para que la foto de Zamora sea mejor.