lunes 24/1/22
Merchandising del Mono de la Aldehuela. Me lo quitan de las manos.

Soy single, sí. Y estoy orgulloso de ello. Lejos de la monocéntrica religión que asolaba Gibraltar y que nos obligaba a todos los mamíferos pseudo cuadrípedos (incluídos algunos de mis primos que, después de una noche de farra volvían a cuatro patas) a contraer matrimonio con varias chimpancés, ahora soy single.

Y que bien se vive de single, con toda la Aldehuela para mi, que si me apetece robarle un balón a los chavales que juegan por allí, que me subo a la noria cuando vienen los feriantes y cuando no me subo encima de una piragüa y me dan un paseo en barco.

Y es que en Zamora, por lo que he visto, sois mucho de ser singles, la mayoría porque no encontrais una mona que os haga caso, pero sois singles. Y yo os veo paseando por el carril bici, quemando calorías, mientras yo os robo los botellines y aprovecho para hacer botellón con mis compas el Peromato y la Gobierna.

Cuando eres single, además, puedes levantarte a las tantas, tirado entre los hierbajos que te tapan el sol porque están asilvestrados, o chatear con otras monitas de fuera de Zamora (Rosa, ponme wifi). Pero algo se echa de menos, y por eso estoy hoy de bajón. Porque he leído que hubo, en un pueblo de Zamora, una caravana de mujeres. Que genial idea. Un día de bailoteo, copas, intercambio de teléfonos y quien sabe si algo más, y cada uno a su casa. Una rave rural.

Por eso ayer reunido con los avestruces, los asnos y alguna culebra que viene y vá, decidimos que queríamos una caravana de hembras en la Aldehuela, a poder ser un sábado hasta altas horas de la madrugada y después, cada mochuelo a su olivo.

P.D: Para los despistados en geografía, que haberlos haylos, que la caravana sea en la Aldehuela de Zamora, no en la de Salamanca, o en un pueblecito de Ávila, que luego la preparamos.

Soy single
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