En recuerdo y memoria de todas las guerras, desde las más cercanas a nuestro país: Ucrania-Rusia; Gaza-Oriente Medio… hasta aquellas que nos quedan lejos. Para que llegue un día en que dejen de ser noticia porque la utopía se cumpla y ya no existan.
MALDITAS GUERRAS
¡Malditas guerras y malditos sean
quienes las provocan!
En un flash de noticias surge una madre
aferrada a un bultito, un niño pequeño
envuelto en un sudario blanco.
Ella, la madre, con un grito ahogado
que no sale del cuerpo,
clama devastada al cielo que es ajeno,
aprieta el bultito del niño pequeño
y al cabo de un rato resuena
un chillido aterrador que despierta a los muertos.
Le han robado al hijo, han matado
ilusión, futuro, esperanza y vida;
no le queda nada, y ya nada espera
si no es que acaben cuanto antes con ella.
Un hombre fuerte se agacha a su lado
sus ojos reflejan el dolor silente
de quien lucha y vive, de quien muere y mata;
con delicadeza la mira a los ojos
y toma en sus manos al bebé inmolado;
se levanta y adentra en una procesión
de gente enlutada y vidas robadas
para llevar a los suyos,
sin caja ni flores, en el propio sudario,
hasta una improvisada y pavorosa morgue
donde solo la tierra les ofrezca descanso.
El padre regresa, la madre sigue inmóvil
en el mismo sitio donde la dejara,
su rostro sin vida ya no ve ni alienta,
es una figura de cera, otra mujer muerta.
¡Malditas guerras y malditos sean
quienes las provocan!
Mª Soledad Martín Turiño
En recuerdo y memoria de todas las guerras, desde las más cercanas a nuestro país: Ucrania-Rusia; Gaza-Oriente Medio… hasta aquellas que nos quedan lejos. Para que llegue un día en que dejen de ser noticia porque la utopía se cumpla y ya no existan.
DESASTRE
Humo y sangre, devastación y bombas,
misiles y más sangre.
Cadáveres alfombrando la tierra,
seres que a nadie importan.
Silbidos de balas, metralla incrustada
en hogares que ya no existen.
El miedo se palpa en rostros de jóvenes,
en soldados niños que envían al frente.
La gente se esconde entre los escombros,
conviven con muertos
o quizá sean ellos los muertos vivientes.
He ahí la guerra, plaga de este mundo
que sigue vigente ahora y siempre.
Mª Soledad Martín Turiño