lunes 24/1/22
Foto: traslospasosdelromanico.blogspot.com

El reciente anuncio del presidente de la Diputación de Zamora sobre la petición institucional para que la ciudad de Toro albergue la edición 2016 de Las Edades del Hombre, ha desatado en las redes sociales todo un movimiento con votaciones y recogidas de firmas.

Quizás no fue claro el NO, ya en 2010, cuando el Ayuntamiento local solicitó la muestra de arte sacro para conmemorar los once siglos de la repoblación de Toro. Quizás no fue claro el NO cuando se designaron algunas sedes cuyo patrimonio histórico y artístico ponen a la ciudad de Toro en una incómoda situación de agravio comparativo. Quizás no es claro el NO de la Fundación, que siempre viene camuflado en síes incomprensibles basados en no sé qué criterios.

Toro merece todo reconocimiento porque a pesar de su espléndido callejero histórico labrado en piedra no constituye ningún museo al aire libre. Ningún decorado de cartón piedra para recrearse en la historia. Toro -su arquitectura, sus tradiciones- es historia, sí, pero historia viva que evoluciona y se deja la piel todas las mañanas para adaptarse a los tiempos confusos del nuevo siglo a través de su pujante industria agroalimentaria. Quizás ese espíritu, la fusión entre el pretérito, conocido y respetado, y la búsqueda de un futuro, sea válido también para marcar un punto de inflexión en una muestra itinerante cuyo discurso comienza a desvelar signos de agotamiento

Las Edades de Toro
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