lunes 24/1/22

La cucaña

Hace poco más de diez días subía al escenario Agustín García Calvo dentro del ciclo "Días de teatro" que se le ha dedicado en el Principal de Zamora, cercano ya el primer aniversario de su fallecimiento.

En la voz de Contra Tiempo Teatro, en sus gestos y en sus pasos y diagonales trazadas sobre las tablas, planteaba el dramaturgo una severa reflexión sobre la competitividad en la que somos adoctrinados. Sólo quien consigue trepar a lo más alto de la gran cucaña, sólo quien es mejor que los demás, consigue el gallo de oro y ve recompensada así toda una vida de preparación y entrenamiento. El afortunado vestirá los colores de la Nación, será el orgullo y la bandera de una sociedad deshumanizada que empuja a sus miembros al combate e hinca las rodillas ante el dinero, el éxito, el poder y la televisión.

PasiónComo la de la magnífica farsa "Pasión", identifico otras cucañas erigidas para la competición descarnada. Son los escalones por los que subimos dormidos, arrastrados por la inercia. Siempre más, un poco más. Quieren más para cumplir las expectativas de no sé qué indicadores. Y siempre el silencio, el silencio cerebral, la cultura y la educación que no son pensamiento y razón sino memorización de datos sueltos, tests de sí o no: blanco o negro, alto o bajo. Se idolatra el despiece de vidas privadas en los medios de comunicación porque mientras las antenas excretan, los sesos dormitan y no alcanzan a descubrir las mentiras con que se aviva el fuego de la indiferencia.

Quien cae en el camino, quien no puede, quien resbala en la cucaña, no llega o no tiene, se queda atrás, se pisa, se aparta, desaparece, no existe: game over.

Casi una Leyenda
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