En Fuentes de Ropel el calendario tiene sus propias reglas. Mientras el resto espera a diciembre para despedir el año, esta localidad zamorana volvió a celebrar este fin de semana su ya tradicional Nochevieja Ropelana, una cita que cada verano reúne a vecinos y visitantes alrededor de una fiesta tan original como divertida.
La celebración comenzó a las once de la noche con la actuación del Trío Divertimento, encargado de poner la banda sonora a una verbena que llenó las calles de música, baile y ambiente festivo desde los primeros compases.
Pero el momento más esperado llegó con la medianoche. Al sonar las doce campanadas, los asistentes, muchos de ellos vestidos con trajes de gala, lentejuelas y complementos propios del 31 de diciembre, recrearon el tradicional cambio de año en pleno mes de agosto.
Eso sí, la tradición tuvo un toque propio. En lugar de las habituales uvas, los protagonistas fueron lacasitos, gusanitos y otras golosinas, que marcaron cada campanada entre risas y un ambiente desenfadado, antes de dar paso al brindis colectivo que selló una de las noches más dulces del verano.
Tras las campanadas, la música volvió a tomar el protagonismo y la verbena continuó hasta bien entrada la madrugada, convirtiendo la plaza en un punto de encuentro para varias generaciones.
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La Nochevieja Ropelana se ha consolidado como una de las celebraciones más curiosas del verano en la provincia de Zamora, una propuesta que demuestra la capacidad de los pueblos para reinventar las tradiciones y ofrecer actividades que combinan convivencia, humor y participación vecinal.
Porque en Fuentes de Ropel no hace falta esperar a diciembre para brindar por un nuevo año. Basta una noche de agosto, unas campanadas, un puñado de golosinas y muchas ganas de pasarlo bien.