miércoles. 30.11.2022

Los Carucheros: la mascarada de invierno que se "escondía" en un pueblo de la provincia

La Asociación Cultural Sierra de Sesnández de Tábara intenta recuperar una tradición que dejó de celebrarse ante la falta de mozos en el pueblo

 

Carlos Ferrero con la máscara que él mismo creo
Carlos Ferrero con la máscara que él mismo creo

Mientras la provincia de Zamora está pendiente del informe que emitirá la Unesco sobre la declaración de Patrimonio Mundial de la Humanidad para 51 mascaradas de la raya y tras el éxito este fin de semana del XI Festival de la Máscara, Sesnández de Tábara, municipio de la comarca tabaresa afectado este verano por el terrible incendio de Losacio, puede aportar su grano de arena para que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura de un paso al frente.

Allí, en un pueblo de poco más de 150 habitantes, se ha "descubierto" una nueva mascarada de invierno: Los Carucheros. Lo avanzó el diputado de Cultura, Jesús María Prada, en una rueda de prensa en la que también adelantó que, en breve, la provincia contará con una Federación de Asociaciones de Mascaradas en la que, por supuesto, estará Sesnández.

En realidad, no se trata de un descubrimiento si no de intentar recuperar una tradición perdida por falta de relevo generacional. Muchos vecinos de esta población de la comarca de Tábara recuerdan el desfile de estas máscaras durante Carnaval. El 1 de enero era la fecha oficial en la que Los Carucheros salían a hacer de las suyas por las calles de Sesnández, pero con las prohibiciones de llevar la cara tapada durante los años de la postguerra, esta celebración pasó a celebrarse en Don Carnal.
 

Carucheros de Sesnández de Tábara. Fotos cedidas

Hace unos años, Carlos Ferrero, que forma parte de la directiva de la Asociación Cultural Sierra de Sesnández, "embarcó" a unos amigos para desfilar en Carnaval disfrazados de carucheros, pero la tentativa se quedó en un empeño que no tuvo continuación más que en una exposición que se organizó en el año 2019.

En aquella muestra, además de imágenes de personajes ataviados con extravagantes indumentarias y otros elementos típicos de las zonas agrícolas y ganaderas, se recopilaba la historia de una celebración que en Zamora es un claro ejemplo de supervivencia cultural de los pueblos de la llamada España Vaciada.

El artículo estaba firmado por Ángel Ferrero, nacido en Sesnández, hoy nonagenario, que ejerció de maestro y que reside en Colmenar Viejo (Madrid). Su escrito muestra la influencia de la situación geográfica en la configuración de las creaciones culturales, en este caso de las mascaradas de invierno en la provincia de Zamora.

Reproducimos parte de su artículo:

Sesnández, dada su situación geográfica, se encuentra como en tierra de nadie. Aunque lleva el "apellido" de Tábara, de esta tierra lo separa la sierra de la Culebra, y otra sierra más pequeña lo separa de la Tierra de Aliste. Si la de Tábara le presenta el señuelo de la modernidad, la llamada de la urbe, Aliste le da el fuerte tirón de los ancestros para anclarlo en el pasado. De ahí que las viejas costumbres alistanas se hallen en Sesnández bastantes diluidas y sin la pureza que puedan tener en el corazón de Aliste. Sesnández es tierra de transición. Es la bisagra entre la tierra de Tábara y Aliste.

Esto, a mi ver, explicaría el que la fiesta de Año Nuevo con sus carucheros en Sesnández fuera mucho más simple que en Aliste. Incluso justificaría un poco su total desaparición. La guerra civil fue una fuerza mayor que suprimió los carochos, los mozos estaban en el frente. Después de la contienda renació pero duró pocos años. Pienso que su total desaparición fue debida a la fuerte emigración. El pueblo se quedó casi sin mozos, como en la guerra. Los que desde Madrid, Bilbao o Asturias volvían a Sesnández por Año Nuevo, cosa frecuente pues dicha fiesta seguía teniendo un atractivo especial, mucho más incluso que la Navidad, esos mozos digo, por nada del mundo se hubieran vestido de carocheros. Eran costumbres antiguas, signos de atraso que debían de ser olvidados y la costumbre murió dulcemente.

¿Y cómo era la fiesta?. Se vestían tres mozos de Carucheros y uno de Filandorra. Los primeros portaban la típica carocha de cartón, confeccionada por cada cual según su habilidad e imaginación. Desde ella, por detrás, descendía una piel que podía ser de cualquier animal, generalmente de cordero, oveja, e incluso conejo o liebre. Usaban la que tuvieran más a mano.

Respecto a las ropas solían ser llamativas y en desuso, procedentes, por lo general, de Cuba, donde algún antepasado había estado algunos años. Amplias blusas o camisas que, amarradas por el cinturón, servían de faltriqueras donde iban a parar las castañas, higos, etc., con que los vecinos los obsequiaban. En cuanto al calzado, eran obligadas las recias cholas por diversas razones. Era el calzado más sano para el invierno. Era el más cómodo para los pies que no debían estar quietos en todo el día y era el más idóneo para pisar reciamente en los abundantes charcos callejeros, para poner perdidas a las mozas que se hallaran próximas a ellos.

Instrumento indispensables eran las temibles tenazas extensibles, que solían reposar pacíficamente bajo el brazo o sobre el pecho, pero que de pronto se erizaban como una amenaza y salían disparadas hacia el blanco, que generalmente eran las piernas, y con preferencia marcada, las de las mozas.

En cuanto a la Filandorra, iba vestida de mujer con la cara descubierta pero muy pintada y en la mano llevaba una pelota con la que daba pelotazos a palo diestro y siniestro. La presencia de los Carucheros era anunciada clamorosamente por los innumerables cencerros colgados alrededor de la cintura o en bandolera. Corrían incansables durante todo el día. Iban entrando en todas las casas, deseando a sus moradores lo que todo el pueblo desea ese día.

Detrás de ellos iban los mozos, acompañados del tamboril, recogiendo el aguinaldo, consistente, por lo general, en un trozo de longaniza. Empezaban por las casas de las consideradas autoridades: alcalde, cura, maestro... En todas recitaban la fórmula tradicional:

"Que tengáis felices días de Años Nuevos con salidas de Años Viejos con los aumentos de gracia que ustedes deseen en vida de la compañía, familia y aquellas personas que ustedes tengan de mejor gusto y agrado".

Acabadas las correrías, ya por la noche se reunía el pueblo en las escuelas a comer el escabeche y pasar el rato comentando las peripecias del día.

Pedir los aguinaldos implicaba sacar el Pan Bendito todos los domingos del año. Los últimos 5 años de existencia del Pan Bendito lo sacaban los niños en vez de los mozos. ¿Lo sacaban los chi cos porque no lo sacaban los mozos? ¿Dejaron de sacarlo los mozos porque lo sacaban los chicos? ¿Dejaron los mozos de vestirse de carochos en el día de Año Nuevo porque no sacaban el Pan Bendito? ¿Dejaron de sacar el Pan porque no se vestían? A todo esto, ¿quedaban mozos en el pueblo? Quizás la clave de todo residía en esta última pregunta, ya contestada anteriormente. Sólo me queda una pregunta por hacer: resucitarán los carochos de Sesnández?.

La pregunta que se hacía ese maestro en aquel año anterior a la pandemia, hoy tiene respuesta con el aval de la Diputación de Zamora para que los carocheros formen parte el catálogo de mascaradas de invierno.

En 2019 se realizó la Exposición de Mascaradas en Sesnández con motivo de las fiestas patronales y la finalidad de dar a conocer a los Carucheros fuera de la localidad

Esta Mascarada se encuentra todavía dormida, debido al escaso relevo generacional que hay en la localidad, pero aún así, de cuando en cuando en Carnaval siguen saliendo los Carucheros por las calles de Sesnández, asustando, echando cernada y "engarrotando" con las tenazas a los lugareños.

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