Zamora cura heridas con el bolsillo de sus enfermeras, mientras la Junta sigue sin llegar

Falta material, faltan profesionales, falta el helicóptero prometido y faltan sustituciones para el verano. La sanidad rural vuelve a enfrentarse a meses críticos mientras los pacientes pagan las consecuencias de una planificación insuficiente.
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La sanidad pública zamorana vuelve a caminar sobre una cuerda floja. Y lo hace gracias al esfuerzo, la profesionalidad y, en demasiadas ocasiones, el bolsillo de quienes la sostienen día tras día: enfermeras, médicos y personal sanitario que continúan haciendo auténticos malabares para garantizar una atención digna a los pacientes.

Porque mientras desde los despachos se habla de excelencia asistencial, de planes estratégicos y de compromiso con el medio rural, la realidad que describen numerosos profesionales es mucho más cruda. Falta personal, faltan sustituciones y, según denuncian algunos trabajadores, faltan incluso materiales básicos para desarrollar determinadas curas y procedimientos cotidianos.

La situación ha llegado a tal extremo que no son pocos los profesionales que aseguran verse obligados a adquirir por su cuenta determinados productos para poder atender correctamente a sus pacientes. Desde material para curas hasta utensilios de uso frecuente que, aunque de coste reducido, deberían estar garantizados por el propio sistema sanitario.

Resulta especialmente preocupante que algunas voces dentro de la propia organización hayan llegado a trasladar mensajes que normalizan esta situación. Frases del tipo "no son productos caros" o sugerencias para que sea el propio trabajador quien los compre pueden parecer anecdóticas, pero reflejan un problema mucho más profundo: la peligrosa normalización de las carencias.

La pregunta es sencilla. ¿En qué momento se aceptó como normal que un profesional sanitario tenga que plantearse comprar material de su propio bolsillo para poder trabajar?

Pero el problema no termina en las estanterías vacías o en los pedidos que tardan en llegar.

Zamora se asoma a un verano especialmente delicado. Sayago lleva meses denunciando la situación de la atención sanitaria. Tábara ha protagonizado movilizaciones y protestas. La preocupación crece también en Aliste, Sanabria y otras zonas rurales que en pocas semanas multiplicarán su población con la llegada de familiares, turistas y personas que regresan a sus pueblos para pasar las vacaciones.

La provincia pasará de atender a una población habitual a asumir puntas asistenciales muy superiores, especialmente durante fines de semana, fiestas patronales y grandes concentraciones populares.

Y precisamente cuando más se necesita reforzar el sistema, la incertidumbre sobre las sustituciones vuelve a aparecer en el horizonte.

Muchos profesionales afrontan el verano sin conocer quién cubrirá vacaciones, bajas o descansos. En algunos consultorios las plantillas continúan ajustadas al límite y la sensación generalizada es que la planificación vuelve a llegar tarde.

A ello se suma otro compromiso pendiente que continúa sin materializarse. El helicóptero sanitario prometido hace meses sigue sin convertirse en una realidad visible para los zamoranos. Una reivindicación especialmente importante para una provincia extensa, envejecida y dispersa geográficamente, donde cada minuto puede marcar la diferencia en una emergencia.

Mientras tanto, los pueblos siguen esperando.

Esperan más médicos.

Esperan más enfermeras.

Esperan más recursos.

Esperan más previsión.

Y esperan que alguien comprenda que la sanidad rural no puede gestionarse únicamente desde una hoja de cálculo.

Porque cuando llega agosto, las estadísticas no atienden pacientes. Lo hacen las personas. Las mismas enfermeras que muchas veces cubren varios consultorios, los mismos médicos que encadenan kilómetros de carretera y los mismos profesionales que continúan sosteniendo el sistema con una vocación que debería ser admirada y no explotada.

La sanidad pública de calidad que reclaman Sayago, Tábara, Aliste o Sanabria no es un privilegio. Es un derecho.

Y cuando faltan materiales, faltan profesionales y faltan respuestas, quienes terminan pagando la factura son siempre los mismos: los pacientes.

"La Junta presume de sanidad pública en los discursos, pero en demasiados consultorios de Zamora la realidad sigue escribiéndose con escasez, improvisación y profesionales que ponen mucho más de lo que deberían." Además hay que resaltar que el presumir de la junta de sus servicios de emergencias se olvida de quienes lo sustentan , los técnicos de emergencias sanitarias,mal pagados ,maltratados y dejados a su suerte ... Y que son los que sacan el 90% del trabajo en la atención extrahopitalaria. Tras la pandemia se rasgaron vestiduras se prometieron mejoras, definitvamente ...no hemos aprendido nada y la deuda sigue sangrando...sin agua oxigenada y sin vendas.

 

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