Mucho antes de que existieran las guías turísticas, los viajeros ya conocían su nombre. Lo habían escuchado en romances, cantares y relatos que recorrían caminos, castillos y plazas de toda la Península. Aquellas historias hablaban de una ciudad difícil de conquistar, protegida por el Duero y defendida por murallas que parecían inexpugnables.
Una ciudad que terminó pasando a la historia con un sobrenombre que todavía hoy sigue vivo.
Zamora la Bien Cercada.
Pocas localidades españolas pueden presumir de haber quedado inmortalizadas en la literatura medieval de una manera tan poderosa.
Donde nació una leyenda
Para comprender el origen de aquella expresión hay que viajar hasta el siglo XI. La muerte del rey Fernando I abrió una disputa familiar que terminaría cambiando para siempre la historia de Zamora. El monarca dividió sus territorios entre sus hijos, pero el reparto no satisfizo a todos. Sancho II de Castilla decidió reclamar por la fuerza lo que consideraba suyo. Frente a él encontró a su hermana, la infanta Doña Urraca, señora de Zamora y decidida a defender la ciudad. Comenzó entonces uno de los episodios más célebres de la historia medieval española: el Cerco de Zamora.
Aquellos acontecimientos inspiraron algunos de los romances más conocidos de la literatura castellana. Las viejas composiciones hablaban de una ciudad protegida por el Duero, por abruptos cortados rocosos y por una compleja red defensiva que la convertían en una fortaleza casi imposible de tomar. No era una exageración. Eran las peñas de Santa Marta, Peña Tajada...
La propia configuración geográfica de Zamora sigue explicando hoy por qué sus defensores resistieron durante meses.
La ruta de las murallas
La mejor manera de entender la Zamora del Romancero es caminarla. El recorrido comienza en el Castillo, levantado sobre el punto más elevado de la ciudad. Desde allí se domina el Duero, los arrabales y buena parte de los accesos históricos. Las vistas permiten comprender la importancia estratégica de este enclave durante siglos. Basta observar el río para descubrir uno de los secretos de la ciudad. El Duero no era sólo una fuente de riqueza. Era también una muralla natural. Un obstáculo formidable para cualquier ejército invasor. Desde el Castillo la ruta continúa por los tramos conservados de las murallas medievales tramos que siguen despejándose de edificaciones posteriores y que su alcalde Francisco Guarido ha conseguido llevar a cabo un plan específico de expropiaciones para conservar un muro medieval de incalculable valor histórico y turístico.
Aunque el tiempo ha transformado la ciudad, todavía pueden recorrerse largos lienzos defensivos que recuerdan la magnitud de aquel sistema de fortificación que llegó a superar los cinco kilómetros de longitud. Tres recintos amurallados protegían la ciudad. Tres cinturones de piedra que hicieron de Zamora una de las plazas fuertes más importantes del Reino de León.
La Puerta de la Lealtad.
Ningún paseo por la Zamora del Romancero estaría completo sin detenerse ante uno de los lugares más legendarios de la ciudad. La llamada Puerta de la Traición en su momento pero que pasó a denominarse de la Lealtad, ya que la tradición sitúa aquí la salida de Vellido Dolfos, el personaje más controvertido de toda esta historia. Para unos fue un traidor. Para otros, el hombre que salvó Zamora y fue leal a su Señora doña Urraca. Según el relato tradicional, salió de la ciudad fingiendo desertar y logró acercarse al campamento de Sancho II para acabar con la vida del rey castellano.
Aquel episodio puso fin al cerco y convirtió a Zamora en protagonista de algunos de los textos más célebres de la literatura medieval española. Allí el Cid que después fuera embestido caballero en la Ermita más cercana a la ciudad amurallada pronunció unas palabras que aún resuenan en el portillo..."Malaya caballero que sin espuelas cabalga" Rodrigo Diaz de Vivar no tuvo tiempo de poner las espuelas para arrear a su caballo Babieca y poder alcanzar a Bellido Dolfos. Verdad y leyenda se mezclan aquí hasta resultar inseparables.
Y quizá por eso la historia sigue fascinando casi mil años después.
La ciudad del Románico
Pero Zamora no sólo resistió. También floreció. Tras aquellos siglos convulsos llegaron tiempos de crecimiento que dejaron uno de los conjuntos románicos más importantes de Europa.
Las iglesias de San Cipriano, Santiago del Burgo, San Claudio de Olivares, La Magdalena o la propia Catedral de San Salvador forman parte de un paisaje urbano que parece diseñado para viajar en el tiempo. Caminar entre estos templos es recorrer la misma ciudad que inspiró romances, crónicas y cantares, cantares de juglares y personajes que se trasladaron al romancero en una ciudad donde cada piedra parece conservar una historia.
Busque un banco junto al Castillo.
O si lo prefiere, asómese al mirador que contempla el Duero desde las murallas.
Lleve consigo un ejemplar del Romancero Viejo. Espere a que el sol comience a descender sobre el río. Y lea despacio aquellos versos que hicieron inmortal a la ciudad:
"Zamora tiene por nombre,
Zamora la bien cercada,
de un lado la cerca el Duero,
del otro peña tajada..."
Pocas veces literatura y paisaje coinciden de una manera tan perfecta. Si baja al campo de la Verdad podrá disfrutar de una magnífica ermita, la de Santiago de los Caballeros y allí imaginar la afrenta, la justa y la lucha de los tres hijosdalgo de Zamora que sucumbieron ante el Capeador.
Porque en Zamora la historia no sólo se conserva en los libros.
Todavía puede recorrerse paso a paso.