domingo 24/10/21

Sin padres pero no sin su recuerdo, Centro de día Ciudad Jardín, gracias por tanto

Hola Luisi, madre, soy yo, ¿te acuerdas de mí ? ¿y tu papá, José María, donde andas ?  Imagino que juntos, uno paseando y la otra haciendo ganchillo y esperando a que llegue la hora de comer esas sopicas de ajo que entonan la vida porque en esta víspera del otoño ya apetecen comidas de madre de cuchara y calientes.
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Casi ya dos años pero no se me olvidan las tardes y días del 123 a recordar otra vez, o esas charlas y reuniones con los familiares de enfermos de Alzheimer que tanto dieron de si y que tanto aprendimos con las experiencias de todos.

Tuve la suerte de encontrar el centro de día Ciudad Jardín en la vida, y sobre todo en la enfermedad de mi madre primero y después de mi padre, que aunque en solo mes y medio se lo llevó un post covid maldito sin poder hacer nada más que haberlo querido y cuidado todo lo que pude. 
Mi madre, Luisi para todos fue la usuaria más antigua, que no la más vieja, y todo en un centro que estrenó tanto en el edificio al principio como en muchas de las terapias que imparten los chicos y chicas de nuestra otra casa, la de la residencia Ciudad Jardín de Zamora. 

Madre una solo, o no hay mas que una, aunque parecía que había cuatro o cinco dentro de ella misma. Luisi tuvo un diagnóstico complicado con una enfermedad llamada Alzheimer mezclada con un síndrome de Pic y una demencia frontotemporal, una caja de bombas mental que sumía su vida en pocas alegrías y muchos cambios de ánimo. 

El olvidar fechas y días malos es lo mejor, y tu cabeza muchas veces puede con ello, aunque siempre esté presente el 21 de septiembre, una fecha que tiene y tendrá para mi un especial sentido para siempre. 
Cuando mi padre pasó el covid llegó a casa con 45 kilos, y tras su recuperación física que no fue fácil llegó la mental. Una situación complicada y en casa sin poder salir. y todo a cuenta de una pandemia cabrona que no hizo más que exterminar mis orígenes, y dejarme huérfano, pero al menos de José María pude disfrutar al igual que él que lo hizo de un grupo burbuja, eso si solo un mes y pocos días porque un 18 de enero tras Filomena y una nevada de órdago se llevó al hombre que cambió mi apreciación de la ternura y el cariño, de la manera de disfrutar una hora de lucidez o un simple trozo de queso con un chato de vino o un yogur de galleta maría.
Luisi murió en el hospital de Ciudad Real el viernes Santo del pasado año, el 10 de abril, y fue de las primeras fallecidas de España, en nada hará ya dos años, José María mi padre ya hace 8 meses que también falleció. 
Nueve meses entre uno y otro, fechas inolvidables, amor todo y cariño, el que más. Todo cambia cuando sabes además tienes que llevar una camiseta con tu nombre para que ellos lean y sepan que PACO ES HIJO... 
Duro y complicado, doloroso en toda su extensión, no sólo en las fechas, sino también en esta castaña de vida que nos ha tocado vivir y  que en estos dos años me ha quitado a los que fueron siempre mi referencia. 

A los que hacen que las familias puedan descansar y al menos vivir unas horas en el centro de día, gracias eternas.

Se que tanto a Luisi como a José los habéis querido casi tanto como nosotros y hoy recordaremos seguro esas risas y esas miradas muchas veces cómplices de cariño que al irlos a recoger... Lo recuerdo y trago saliva porque llorar nunca fue malo y siempre desahoga.

Emocionado sigo y cuando me acerco al centro de día, siempre espero ver a los que siguen allí, e intento imaginar esa alegría de ir a buscarlos, y sobre todo descubrir esas caras de satisfacción al reencontrar a quien te hizo y a quien te parió. Ese momento es similar al momento de recogerte en el cole, soñar un momento que se torne y todo volviera a empezar pero al revés tampoco es malo aunque haya que seguir viviendo con el recuerdo como consuelo. 
Gracias a todos los que hacen que el centro de Día Ciudad Jardín siga adelante, esa será mi casa para siempre, o el cole de mis padres como siempre dije, un lugar de amigos y de familia a la que sigo queriendo como mía.

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