Zamora ha amanecido este miércoles 29 de julio bajo una atmósfera cargada, con calima aparente, olor a humo en algunas zonas y una calidad del aire que ha empeorado durante la mañana coincidiendo con los grandes incendios forestales que permanecen activos o en fase de estabilización en provincias próximas.
A las 11:00 horas, la plataforma especializada IQAir situaba el índice de calidad del aire de Zamora en 107 puntos según la escala estadounidense, un nivel clasificado como “perjudicial para grupos sensibles”.
El principal contaminante detectado eran las partículas finas PM2.5, con una concentración de 38 microgramos por metro cúbico. Los datos proceden de una estación de medición de la Junta de Castilla y León, por lo que representan una fotografía concreta y cambiante de la situación atmosférica en la capital.
Una subida rápida durante la mañana
La evolución ha sido significativa. A primera hora, en torno a las 09:00, IQAir mostraba un índice moderado de 73 puntos y una concentración de PM2.5 de 21 microgramos por metro cúbico.
Dos horas después, el indicador había ascendido hasta 107 puntos y las partículas finas llegaban a los 38 microgramos. La calidad del aire pasaba así de moderada a perjudicial para las personas especialmente vulnerables.
Estas partículas tienen un diámetro tan pequeño que pueden penetrar profundamente en las vías respiratorias. Su presencia puede aumentar por diferentes causas, entre ellas el tráfico, la combustión, el polvo en suspensión y, de manera destacada durante los episodios forestales, el humo procedente de la quema de vegetación.
Los incendios rodean a Zamora, pero falta confirmar el origen exacto
Durante las últimas jornadas se han registrado grandes incendios en Ávila, la Sierra Oeste de Madrid y Toledo. El incendio de Burgohondo, en Ávila, mantenía este miércoles un perímetro cercano a los 180 kilómetros, aunque su evolución durante la noche había sido favorable. También continuaban los trabajos para consolidar los incendios de Madrid y Toledo y evitar reproducciones. León y el extremo cercano a la raya en Portugal también ayudan a que este ambiente siga cargado.
La coincidencia temporal entre esos fuegos, la presencia de partículas finas y la sensación de humo permite considerar razonable la posible influencia de los incendios en el deterioro del aire de Zamora.
Sin embargo, conviene no convertir una hipótesis lógica en una certeza científica. Para atribuir directamente las partículas detectadas a un incendio concreto sería necesario disponer de imágenes de satélite, modelos de dispersión del humo y datos completos sobre la dirección del viento en las diferentes capas de la atmósfera.
Los datos disponibles permiten hablar de una situación compatible con la llegada o acumulación de humo, pero no identificar con absoluta seguridad qué incendio es responsable ni qué porcentaje de la contaminación procede de las llamas.
El aire casi inmóvil favorece la acumulación
Uno de los datos más relevantes de la mañana era la escasa ventilación. IQAir registraba a las 11:00 horas un viento de apenas un kilómetro por hora, con una temperatura de 28 grados y una humedad relativa del 36%.
Cuando el viento es prácticamente inexistente, las partículas tienen mayores dificultades para dispersarse y pueden permanecer acumuladas sobre una ciudad durante más tiempo.
La previsión de la plataforma apuntaba a un aumento progresivo del viento durante la tarde, con velocidades que podrían superar los 20 kilómetros por hora. De cumplirse esta evolución, el índice de contaminación podría ir descendiendo desde los 107 puntos de la mañana hasta niveles moderados al final del día.
El viento, sin embargo, tiene una doble función. Puede limpiar la atmósfera local al dispersar las partículas, pero también puede transportar humo desde incendios situados a decenas o incluso cientos de kilómetros. Todo dependerá de su dirección, intensidad y de la altura a la que se encuentre la columna de humo.
¿Quién debe extremar la precaución?
La situación registrada no supone una emergencia sanitaria general, pero sí aconseja prudencia para los grupos sensibles.
Entre ellos se encuentran las personas con asma, enfermedad pulmonar o cardiovascular, los mayores, los niños y quienes presenten síntomas respiratorios.
Durante las horas con peor calidad del aire se recomienda reducir el ejercicio intenso en el exterior, especialmente si se percibe olor a humo, irritación en los ojos, tos o dificultad para respirar. IQAir también aconseja cerrar temporalmente las ventanas cuando el aire exterior esté muy cargado y que las personas vulnerables valoren el uso de una mascarilla adecuada al salir.
La mascarilla quirúrgica convencional ofrece una protección limitada frente a las partículas finas. En episodios intensos, las mascarillas FFP2 correctamente ajustadas resultan más eficaces para reducir su inhalación.
No todo lo que parece niebla es humedad
El cielo blanquecino o amarillento que puede observarse durante estos episodios no tiene por qué responder exclusivamente a la calima sahariana o a la bruma propia de las altas temperaturas.
El humo de los incendios contiene partículas y gases que reducen la visibilidad, filtran la luz solar y generan tonalidades apagadas, rojizas o anaranjadas, especialmente al amanecer y al atardecer.
En Zamora, la combinación de incendios cercanos, calor, baja humedad y viento débil ha creado un escenario propicio para que la contaminación permanezca durante varias horas sobre la ciudad.
Una situación cambiante que debe vigilarse
Los datos de calidad del aire pueden variar de manera notable en cuestión de minutos. La medición de las 11:00 horas no debe tomarse como un valor fijo para toda la jornada ni como una representación idéntica de toda la provincia.
La capital contaba además con una sola estación reflejada por IQAir, por lo que la situación puede ser diferente en Sanabria, Benavente, Toro, Aliste, Sayago o Tierra del Vino dependiendo de la dirección del viento y la proximidad a posibles columnas de humo.
Zamora respira este miércoles un aire peor de lo habitual. No hay motivos para alarmar a toda la población, pero tampoco para ignorar un índice que ya afecta especialmente a quienes tienen una salud más vulnerable.
Los incendios no terminan donde se apagan las llamas. Su humo viaja, atraviesa provincias y recuerda que el fuego también puede sentirse a muchos kilómetros de distancia.