La calle San Torcuato ha amanecido envuelta en un clima de respeto, silencio y emoción contenida. La noticia del fallecimiento de la dueña de la Mercería Virginia, uno de los establecimientos más históricos de la ciudad, a los 59 años tras una enfermedad, ha dejado una huella profunda en el entorno más inmediato del centro urbano. El entierro se ha celebrado hoy, en una jornada especialmente sentida para una de las zonas comerciales con mayor arraigo de Zamora, donde su figura formaba parte del paisaje cotidiano desde hace décadas.
El establecimiento forma parte del patrimonio comercial y sentimental de la ciudad desde hace cerca de 70 años. Fue la tía de Virginia quien puso en marcha el negocio, que con el paso de las décadas se consolidó como referente del pequeño comercio, transmitido dentro de la misma familia y estrechamente ligado a la vida cotidiana del centro urbano.
La mercería no era solo un punto de venta, sino un espacio de cercanía y trato personal, donde varias generaciones encontraron continuidad, confianza y oficio. En una calle sometida a los cambios del consumo y a la transformación del comercio tradicional, el local se mantuvo durante años como símbolo de resistencia y constancia, vinculado a una forma de trabajar hoy cada vez más escasa.
La familia es también muy conocida en Zamora por otra pérdida que marcó profundamente su historia. El marido de Virginia, Emilio Rubio, falleció en un accidente de tráfico en 1999. Técnico de Caja Rural de Zamora, su nombre permanece ligado a la ciudad a través del Memorial Emilio, el tradicional Torneo de Reyes que el equipo continúa celebrando en su recuerdo.
En un contexto de incertidumbre para el pequeño comercio, la pérdida de la mercera representa también la de una figura discreta pero esencial, que sostuvo durante décadas una parte de la vida urbana desde detrás de un mostrador.