El barrio de San Isidro en Zamora refuerza su tradición agrícola con un presidente agricultor y nuevos cofrades muy jóvenes
El barrio de San Isidro de Zamora volvió a reencontrarse este 15 de mayo con una de sus tradiciones más profundamente arraigadas. Vecinos, familias y miembros de la cofradía acompañaron a San Isidro Labrador y a su esposa, Santa María de la Cabeza, en la tradicional procesión de bendición de los campos, una cita que cada año revive el estrecho vínculo del barrio con la tierra, la agricultura y sus raíces populares.
La jornada festiva comenzó antes con uno de los actos más esperados de las fiestas: la degustación de arroz con leche elaborada por las mujeres del barrio. Decenas de vecinos y asistentes compartieron este momento de convivencia en un ambiente cercano y familiar, reflejo del carácter humilde y vecinal que sigue definiendo estas celebraciones pese al paso de los años.
Posteriormente se celebró la misa en honor al patrón de los agricultores y, a continuación, las imágenes recorrieron las calles del barrio en procesión. Como marca la tradición en San Isidro, el santo labrador procesionó acompañado de Santa María de la Cabeza, una presencia especialmente querida por los vecinos y que aporta un carácter singular a esta celebración dentro de la ciudad.
La procesión volvió a convertirse así en una imagen de identidad colectiva para el barrio, donde la devoción religiosa se mezcla con la memoria agrícola y el sentimiento de pertenencia de varias generaciones de vecinos.
La festividad tuvo además un significado especialmente simbólico para la cofradía. Santiago Rapado se ha convertido en el primer agricultor que preside la hermandad, un nombramiento muy representativo en un momento marcado por las dificultades que atraviesa el sector agrario. Aunque muchos vecinos reconocen que “el campo no está para fiestas”, la celebración volvió a convertirse en un homenaje a quienes continúan trabajando la tierra y manteniendo viva la identidad agrícola del barrio.
La cofradía incorporó además a 21 nuevos miembros, entre ellos tres niños de cuatro, seis y nueve años, una imagen que refleja el relevo generacional y la continuidad de una tradición que sigue transmitiéndose de padres a hijos y conservando un fuerte arraigo entre las familias de San Isidro.