La nieve y la bronca: transportes y colegios, los grandes damnificados de una nevada anunciada

Zamora y buena parte de la provincia han amanecido este 28 de enero bajo un manto blanco que, más allá de la imagen invernal, ha dejado una jornada marcada por la bronca social y la crítica a la falta de previsión institucional. La nevada estaba anunciada desde hacía días, con alerta naranja activada y previsiones claras que apuntaban a acumulaciones de entre 2 y hasta 20 centímetros, especialmente en Sanabria, pero la respuesta no ha estado a la altura del aviso.
carreteras nieve. imagen de archivo
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Castilla y León se despertaba con nieve en prácticamente todo su territorio, pero León y Zamora han sido, una vez más, las plazas más complicadas. Carreteras en condiciones muy difíciles, ventiscas, problemas de visibilidad y decenas de incidencias desde primeras horas de la madrugada. El balance del día es contundente: más de 2.000 incidencias registradas por el 112, una cifra que evidencia la magnitud del episodio.

Uno de los principales focos de crítica ha estado en la gestión del transporte escolar y la decisión de mantener abiertos los centros educativos durante las primeras horas del día. Desde el sector del transporte se calificaba de “irresponsabilidad” obligar a circular con autobuses escolares en plena nevada, con carreteras sin limpiar y previsiones claramente adversas. Mientras tanto, la Junta de Castilla y León mantenía silencio en los momentos más delicados, sin una decisión clara de suspensión preventiva de las clases.

No fue hasta que la borrasca Kristin, reforzada por el conocido “chorro de aguijón”, hizo prácticamente imposible la circulación cuando comenzaron los cierres de colegios, ya con cientos de incidencias acumuladas. Para entonces, el daño ya estaba hecho. En zonas del norte de la provincia, especialmente Sanabria, la nevada fue copiosa desde primera hora, mientras que en el sur, en comarcas como Cubo del Vino o Corrales, la situación no fue mucho mejor. Las quitanieves brillaban por su ausencia en muchos tramos durante las primeras horas, alimentando la sensación de caos.

Los planes de Vialidad Invernal, especialmente en el ámbito autonómico, han vuelto a quedar en entredicho. La borrasca estaba anunciada, los avisos eran claros y la recomendación general era evidente: no salir si no era imprescindible. Avisados estábamos, pero, una vez más, pasa lo que pasa. La falta de decisiones preventivas ha trasladado el problema a la carretera y a las familias, que se encontraron con un escenario de incertidumbre total.

Las borrascas, además, no dan tregua. Las previsiones apuntan a al menos dos semanas de entradas concatenadas de frentes atlánticos, lo que obliga a una reflexión profunda. No estamos ante un episodio como Filomena en 2021, pero la conclusión vuelve a ser la misma: no estamos preparados. Por muchos protocolos que existan, la naturaleza impone su ley, pero la prevención y la anticipación siguen siendo la gran asignatura pendiente.

Zamora ha vuelto a ser ejemplo de ello. Muchos incidentes, decisiones tardías y una ciudadanía que se pregunta por qué, con todo avisado, se repite el mismo guion. La nieve cae, la bronca también, y la sensación de improvisación vuelve a instalarse en una provincia que, cada invierno, parece empezar de cero.

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