La Diócesis de Zamora ha iniciado el Triduo Pascual en la tarde del Jueves Santo con la celebración de la Misa de la Cena del Señor, el momento central de la vida cristiana. La eucaristía ha tenido lugar en la Iglesia de San Ildefonso, en un ambiente de profundo recogimiento que ha invitado a los fieles a adentrarse en el misterio del amor de Dios.
Durante su homilía, el obispo de Zamora, Fernando Valera Sánchez, ha recordado que esta celebración “no es un bonito recuerdo, es memoria agradecida porque el amor de Dios se hace fuente, se hace proximidad absoluta en su Hijo Jesús”, subrayando así la vigencia y actualidad de lo que la Iglesia conmemora en estos días.
A partir del Evangelio de san Juan, el prelado ha centrado su reflexión en el gesto del lavatorio de los pies, destacando la cercanía de Dios con la fragilidad humana. “Es el Dios que se arrodilla ante nuestra fragilidad, ante nuestras heridas… y nos susurra: ‘Tu vida me importa’”, ha afirmado.
En este sentido, ha invitado a los fieles a trasladar este gesto a la vida cotidiana: “¿A quién necesito lavar los pies hoy? Quizás al anciano que vive solo, al joven sin esperanza o al migrante que busca hogar”, recordando que la vocación cristiana pasa por el servicio constante a los demás.
Asimismo, ha subrayado el sentido de la Eucaristía como sacramento de comunión y entrega, asegurando que “no podemos comulgar con el Cuerpo de Cristo si cerramos los ojos al cuerpo sufriente de nuestros hermanos”. En esta línea, ha añadido que “una Iglesia que no celebra la Eucaristía se seca, pero una Iglesia que no vive el servicio se convierte en una ONG sin alma”.
En una celebración en la que también se conmemora la institución del sacerdocio, el obispo ha pedido oraciones por los presbíteros, para que sean “hombres entregados, de oración, cercanos a su gente y que hablen desde una humanidad compartida”.
Tras la homilía, tuvo lugar el rito del lavatorio de los pies, signo visible del servicio y la entrega que Jesús propone a sus discípulos. La celebración concluyó con el traslado del Santísimo Sacramento al monumento, donde los fieles han sido invitados a acompañar al Señor en la oración y la adoración.
Finalmente, don Fernando ha animado a vivir estos días desde el amor fraterno: “Sin amor, todo lo demás es ruido”, invitando también al silencio y la contemplación: “No busquéis muchas palabras. Dejad que su mirada os cure”.