La música terminó, pero el debate no ha hecho más que empezar.
La presencia de la Banda de Cornetas y Tambores de las Tres Caídas de Triana en el certamen celebrado este fin de semana en el Auditorio Ruta de la Plata de Zamora ha provocado una auténtica tormenta en redes sociales. Lo que debía ser una de las actuaciones más esperadas de la jornada acabó derivando en una controversia que ha traspasado las fronteras de la provincia y ha enfrentado a aficionados, músicos y espectadores de distintos puntos de España.
Lo importante se dejó a parte y ahora solo vale el incendio social que se ha generado después. Hay tres versiones enfrentadas: quienes consideran inadmisible pitar a una banda de prestigio, quienes defienden que el público tenía derecho a mostrar su malestar por el retraso y quienes señalan directamente a la organización como responsable del desencuentro. el caso es que aquí nadie se disculpa ni nadie asume responsabilidades y da explicaciones públicas ante un espectáculo de pago que ha generado una gran polémica.
Las imágenes difundidas en redes, acompañadas de un audio en el que se escuchan silbidos y abucheos durante la llegada de la formación sevillana, han generado cientos de comentarios y miles de reacciones. Algunos usuarios consideran que se produjo una falta de respeto intolerable hacia una banda que recorrió más de 500 kilómetros para participar en el certamen. Otros, por el contrario, entienden que el público tenía motivos para mostrar su malestar por el retraso acumulado.
Sin embargo, conforme han ido pasando las horas, ha surgido una tercera versión que complica aún más el relato de lo sucedido.
Numerosos asistentes aseguran que la banda llegó a la hora que le había sido indicada por la organización y que el problema se produjo porque el desarrollo del certamen fue más rápido de lo previsto. Según esta versión, algunas actuaciones finalizaron antes de lo estimado y se generó un vacío entre bandas que acabó trasladándose al público como un supuesto retraso de la formación sevillana.
Otros testimonios sostienen incluso que durante la espera se realizaron anuncios desde la organización que contribuyeron a aumentar la tensión entre los asistentes. Varios comentarios apuntan a que se informó de problemas con el desplazamiento de la banda, extremo que posteriormente habría sido desmentido por miembros de la propia formación.
Lo que resulta evidente es que las redes sociales han actuado como un amplificador de la polémica.
Durante toda la jornada se han sucedido mensajes de apoyo a la banda sevillana, algunos muy duros contra Zamora y los zamoranos, llegando incluso a pedir que ninguna formación andaluza vuelva a actuar en la ciudad. También se han publicado comentarios que defienden la cultura musical de la Semana Santa zamorana y rechazan las comparaciones realizadas por algunos usuarios procedentes del sur de España.
La controversia ha dejado además una reflexión que muchos aficionados comparten: la necesidad de separar la crítica legítima de la falta de respeto.
Porque si algo parece claro es que la inmensa mayoría de los asistentes acudió al certamen para disfrutar de la música. De hecho, varios testimonios coinciden en que, una vez comenzó la actuación, la banda fue ovacionada y recibió el reconocimiento del público por su calidad interpretativa.
No faltan tampoco quienes recuerdan que detrás de cada formación hay decenas de músicos que sacrifican tiempo personal y familiar para participar en este tipo de eventos. Tampoco quienes subrayan que la puntualidad y el cumplimiento de horarios forman parte de la profesionalidad exigible a cualquier agrupación musical.
Entre ambas posiciones queda una conclusión evidente: algo falló en la comunicación.
A día de hoy siguen existiendo dudas sobre quién era exactamente responsable del desfase horario, cuánto tiempo real se produjo de retraso y si los silbidos procedían del público general, de asistentes concretos o incluso de integrantes de otras formaciones presentes en el certamen.
Mientras tanto, el debate continúa creciendo en redes sociales y amenaza con eclipsar lo que debería haber sido el verdadero protagonista de la noche: la música.
Quizá la lección que deja esta polémica sea precisamente esa. En una ciudad como Zamora, profundamente vinculada a la música procesional y al mundo cofrade, el respeto debería seguir siendo la primera marcha que se interprete antes de cualquier certamen.
Porque una banda puede llegar antes o después. Una organización puede acertar o equivocarse. Pero cuando el ruido de la polémica acaba sonando más fuerte que las cornetas y los tambores, todos pierden un poco.
En el lado opuesto la Batalla de Charangas un éxito sin paliativos y que diferenció la noche del sábado.