La historia que emociona en Sanabria: Amando y su perro Bimbo sufren un infarto casi al mismo tiempo y logran recuperarse juntos
El vínculo entre este profesional audiovisual y su "compañero" canino desembocó en una situación límite cuando ambos sufrieron, casi a la vez, graves problemas cardíacos en el Barrio de Lomba. En el caso de Amando, la emergencia derivó en una evacuación urgente en helicóptero hasta León, donde fue intervenido de forma inmediata, mientras que su perro también tuvo que ser trasladado a un centro veterinario especializado tras empeorar de manera repentina
Esta es la historia de un hombre y de un perro. Pero, sobre todo, la historia de un regreso. Después de 38 años trabajando detrás de las cámaras en cine, televisión y publicidad, Amando Crespo decidió volver a Sanabria, la tierra de su padre. Allí puso en marcha guiadesanabria.com y Sanabria TV, una iniciativa profundamente unida al territorio, a su identidad y a una manera particular de observar el paisaje y la vida cotidiana.
Fue en ese nuevo tiempo cuando apareció Bimbo. Un Pastor alemán de pelo largo que entonces tenía cuatro años —hoy tiene ocho— y que, en realidad, no era suyo. El perro pertenecía a un amigo. Sin embargo, desde los primeros encuentros empezó a producirse algo difícil de explicar. Sin órdenes, sin costumbre previa y sin aprendizaje alguno, el animal comenzó a seguirle.
Al principio eran coincidencias esporádicas. Después, una presencia cada vez más constante. La escena terminó por hacerse habitual: Bimbo acompañando a Amando en sus desplazamientos, recorriendo incluso los varios kilómetros que separan Castellanos de Barrio de Lomba, donde vive con su mujer. Aquella fidelidad espontánea acabó convirtiéndose en convivencia. No fue Amando quien adoptó al perro. Fue el perro quien eligió quedarse.
Cuatro años después, ese vínculo afrontó su prueba más severa. Fue en marzo cuando la historia cambió de ritmo. Amando llevaba varios días con molestias, con un dolor persistente en los brazos que no terminaba de remitir. Tenía prevista una visita al veterinario para revisar a Bimbo, pero aquella misma jornada todo se precipitó.
Acudió al Centro de Salud de Puebla de Sanabria. El diagnóstico fue inmediato: infarto. La activación urgente del protocolo sanitario y el traslado posterior para su intervención resultaron decisivos en unas horas en las que cada minuto contaba.
Casi al mismo tiempo, Bimbo empezó también a empeorar. El perro presentaba síntomas graves y tuvo que ser trasladado a un centro veterinario en Galicia. Allí se confirmó la gravedad del cuadro: problema cardíaco, acumulación de líquido y riesgo vital.
Dos urgencias distintas. Dos vidas diferentes. Pero el mismo momento en el que todo estuvo en juego. En ambos casos, la rapidez de la atención fue determinante. En el de Amando, la evacuación en helicóptero hasta León acortó unos tiempos que, por carretera, difícilmente habrían sido compatibles con la gravedad del episodio. En el de Bimbo, el tratamiento intensivo permitió estabilizar una situación que, en un primer momento, parecía irreversible.
Pasados los días, los dos volvieron a casa. Ambos con diagnóstico cardíaco, ambos con medicación diaria y controles periódicos. Dos recuperaciones que avanzan en paralelo, con seguimiento médico y veterinario constante, y con una rutina que ahora se mide en cuidados, en calma y en cada pequeño gesto del día a día.
No existe una explicación clínica que conecte ambos episodios. Pero sí hay una secuencia que resulta difícil ignorar: la de un perro que un día comenzó a seguir a un hombre por los caminos de Sanabria y que, cuatro años después, terminó compartiendo con él un mismo instante de fragilidad.
En una comarca donde las distancias pesan en cada urgencia y el tiempo se vive de otra manera, la historia de Amando Crespo y Bimbo deja también una lectura sencilla y muy humana: la de los vínculos que no se planean, que no obedecen a ninguna lógica, pero que acaban sosteniéndose solos, con una lealtad callada que no necesita explicación.
Hoy la rutina continúa, aunque de otro modo. Más pausada. Más vigilada. Paseos más cortos, medicación diaria y controles periódicos.
Y, sin embargo, hay algo que permanece intacto: Bimbo sigue caminando al lado de Amando.