De la libreta de deudas a la receta electrónica: la Farmacia Arias cumple 100 años en Zamora
La historia de la Farmacia Arias es, sobre todo, la historia de una familia y de una ciudad que han crecido juntas durante un siglo. Desde 1926, cuando el farmacéutico Atilano López Arias decidió trasladarse desde Piedrahita de Castro, un pequeño pueblo de la provincia a la capital, el establecimiento ha permanecido abierto en el corazón de Zamora, en plena calle Santa Clara, convirtiéndose en un lugar donde generaciones de vecinos han buscado consejo, medicamento y, muchas veces, también conversación.
Hoy, cien años después, su nieto, José Antonio López Arias, recuerda aquella decisión que cambió el rumbo de la familia. “Mi abuelo tenía una farmacia en un pequeño pueblo de la provincia, pero mi abuela insistía en que allí no estaba el futuro que quería para sus hijos. Así que tomó una decisión valiente: cerró la botica del pueblo y compró una farmacia en Zamora”, relata.
Aquella apuesta por la ciudad no solo marcó el destino de la familia, sino que también dio origen a un establecimiento que ha acompañado la vida cotidiana de miles de zamoranos durante tres generaciones.
Cuando la farmacia era también un acto de confianza
Los primeros años no fueron fáciles. Zamora era una ciudad donde muchas familias vivían del campo y el dinero no siempre llegaba a tiempo. El abuelo de la saga farmacéutica tenía una libreta en la que apuntaba las deudas de los vecinos que no podían pagar en ese momento sus preparados. Esperaba a la cosecha para cobrar… y a veces ni siquiera entonces llegaba el dinero. “A veces cobraba meses después y otras veces no cobraba nunca, pero él entendía que la farmacia era antes que nada un servicio”, recuerda su nieto.
Aquella forma de entender la profesión dejó una huella profunda en la familia: el farmacéutico no era solo un dispensador de medicamentos, sino un profesional cercano que formaba parte de la vida de la comunidad.
El mostrador donde se cuenta la vida
Con el paso de los años llegó la segunda generación. José Antonio López, padre del actual propietario, tomó las riendas del negocio junto a Pilar Testa, también farmacéutica. Era otra época. La sanidad española estaba cambiando con la llegada de la Seguridad Social y el papel de la farmacia evolucionaba, pero había algo que permanecía intacto: el mostrador.
“El mostrador de una farmacia es un lugar donde la ciencia se encuentra con la vida cotidiana”, explica José Antonio López Arias. Allí llegaban los pacientes que no recordaban el nombre del medicamento y lo pedían “de siempre, el blanco y redondo”, los que discutían el precio o los que simplemente buscaban consejo.
También se vivían escenas que hoy parecen casi irreales. Como aquella vez que una mujer acudió con una receta para anticonceptivos diciendo que eran pastillas para el dolor de cabeza y, al preguntarle la farmacéutica si estaba segura de lo que pedía, respondió con naturalidad que "si lo sé, es para quitarme el dolor de cabeza porque mi hija tiene novio".
La farmacia se convertía así en un pequeño observatorio de la sociedad, un lugar donde se percibían antes que en ningún otro sitio los cambios culturales y sociales.
El golpe más duro y la reconstrucción
La historia de la farmacia también ha tenido momentos difíciles. Uno de los más duros fue el derrumbe del edificio que albergaba el establecimiento tras un accidente en una obra cercana. La caída del inmueble supuso un golpe emocional para la familia y para muchos vecinos que veían desaparecer un lugar familiar del paisaje urbano.
Sin embargo, la farmacia volvió a levantarse. El nuevo edificio se reconstruyó en el mismo lugar, respetando parte de su estética y conservando elementos históricos, como la puerta modernista que aún hoy da acceso al local.
Para el arquitecto Paco Somoza, que participó en la presentación del centenario, ese episodio resume bien el carácter del establecimiento. “La farmacia es un auténtico mirador de la historia de la ciudad. Ha visto pasar la evolución social, política y arquitectónica de Zamora durante todo el siglo XX”, explica.
Una farmacia para una ciudad que envejece
Hoy el contexto es muy diferente. La receta electrónica, la información científica inmediata o los sistemas informáticos han transformado el trabajo diario del farmacéutico. Pero en esencia, sostiene López Arias, la función sigue siendo la misma que hace cien años: escuchar, orientar y proteger al paciente.
En una provincia como Zamora, donde la población es cada vez más envejecida, la farmacia se ha convertido además en un punto clave de seguimiento de los pacientes crónicos, muchas veces el primer lugar al que acuden los vecinos cuando surge una duda sobre su salud.
Celebrar cien años mirando al futuro
La familia ha querido que la celebración del centenario no sea solo un recuerdo del pasado, sino también una oportunidad para reflexionar sobre el papel de la farmacia en el futuro de la sanidad.
Por eso han diseñado un programa de actividades divulgativas que comenzará el 16 de marzo en el Paraninfo del Colegio Universitario, con charlas y encuentros sobre prevención, longevidad y educación sanitaria.
La iniciativa cuenta con el apoyo de la Fundación Caja Rural, cuya representante Laura Huertos destacó durante la presentación la relevancia del aniversario para la ciudad. “No todos los días se cumplen cien años. Esta farmacia forma parte de la memoria de Zamora y ha cuidado de generaciones de zamoranos”, señaló.
A lo largo de este siglo han cambiado los medicamentos, las recetas e incluso la manera de informarse sobre la salud. Pero en la Farmacia Arias sigue encendida la misma cruz verde que anuncia desde hace cien años que, detrás del mostrador, siempre hay alguien dispuesto a escuchar.