La diferencia entre lo que sostiene una acusación y lo que concluye un juez marca la frontera entre informar y prejuzgar

Periodismo o interpretación: esa es la cuestión. Faúndez y del Canto aún no están juzgados

A Zamora News la acusaron medios como los que ahora tienen un problema de interpretación con autos, leyes y juzgados. En el caso Prieto Calderón y el Consorcio de Bomberos dos medios en concreto nos señalaron, no hablamos ni de presunción de inocencia en aquel momento, directamente nos señalaron y nos juzgaron de antemano. Pero...había rigor informativo y no nos dejamos amedrentar por artículos pagados y egos repletos de historia pero de la antigua. Nos dio la razón la justicia, aunque dos medios intentaron desacreditarnos "compañeros" de profesión o de rumores. Hoy el Presidente de la Diputación se defendía ante una interpretación que merece rectificación, aunque solo sea por ética periodística ¿se dará?...
Javier Faúndez
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"No he pedido ayuda pero tampoco quiero que se falte a la verdad" comentaba Faúndez esta mañana en rueda de prensa ante un juicio mediático antes de que siquiera se llegue a la sala del juzgado.

La Justicia tiene un defecto desesperante: es lenta. El periodismo tiene otro igual de peligroso: corre demasiado.

Y cuando ambas cosas se cruzan, suele ocurrir lo que estamos viendo estos días en Zamora.

Un auto judicial se convierte en un titular. Un titular se convierte en una sentencia social. Y una sentencia social termina teniendo más recorrido que el propio procedimiento que aún sigue abierto.

Vivimos tiempos extraños. Se pide rigor a los jueces, rigor a los políticos, rigor a los empresarios y rigor a los periodistas. Con razón. Pero el rigor no puede ser selectivo.

Un auto judicial es un documento complejo. No es un titular. No es un tuit. No es un vídeo de treinta segundos. No es un clic fácil. En un auto aparecen las posiciones de todas las partes: la Fiscalía, la acusación, las defensas y, finalmente, la decisión judicial. Confundir unas con otras no es un detalle menor. Es la diferencia entre informar y prejuzgar.

La Justicia todavía no ha hablado de culpabilidades. Todavía no ha celebrado juicio alguno. Todavía no ha escuchado todas las declaraciones. Todavía no ha valorado todas las pruebas. Sin embargo, hay veces que determinados titulares parecen llegar antes que las resoluciones.

La presunción de inocencia no es un capricho constitucional. Es una garantía democrática. Precisamente porque la historia está llena de personas condenadas primero en la plaza pública y absueltas después en los tribunales. Y esto sirve para todo y todos, para lo que ocurre hoy en día en el PSOE en el PP o en la Diputación de Zamora.

Los periodistas tenemos una enorme responsabilidad. Podemos fiscalizar al poder, denunciar irregularidades y hacer preguntas incómodas. Debemos hacerlo. Pero también tenemos la obligación de distinguir entre lo que dice una acusación, lo que sostiene una defensa y lo que concluye un juez.

Porque no es lo mismo.

No es lo mismo que un abogado afirme algo en un escrito que que una magistrada lo considere probado.

No es lo mismo que exista una investigación que una condena.

No es lo mismo una comparecencia como investigado que una sentencia firme.

Y no es lo mismo informar que interpretar.

Quizá el mayor problema de nuestro tiempo sea precisamente ese. La velocidad. Todo el mundo quiere ser el primero. El primero en publicar. El primero en opinar. El primero en señalar. El primero en condenar.

Pero el periodismo no consiste en llegar primero. Consiste en llegar con la verdad.

Y cuando hablamos de personas concretas, de reputaciones concretas y de procedimientos judiciales abiertos, el listón debe ser todavía más alto. Porque mañana cualquiera puede estar al otro lado del titular. La Justicia tiene sus tiempos. El periodismo tiene sus obligaciones.

Y ambas deberían caminar juntas.

Sin prisas.

Sin interpretaciones interesadas.

Y sin convertir una investigación en una condena anticipada.

Porque cuando eso ocurre, deja de hablar la Justicia y empieza a dictar sentencia la plaza pública. Y esa, desgraciadamente, casi nunca admite recursos. 

"La presunción de inocencia no se defiende cuando nos conviene; se defiende siempre. También cuando el titular fácil parece más rentable que la explicación rigurosa."

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