Lo que debía ser una solución rápida se ha convertido, una vez más, en parte del problema. La intervención realizada hace menos de una semana en la rotonda de Villaralbo, dependiente de Carreteras del Estado, no ha soportado el ritmo de una infraestructura clave en el acceso a Zamora. Después vendremos con que se cayó parte del Puente de la Autovía o buscaremos culpables. El mantenimiento y la prevención parecen no existir en las cabezas pensantes de los de siempre.
El uso de bituminoso en frío para tapar baches ha demostrado ser insuficiente en un punto donde el tránsito de camiones —muchos de ellos vinculados a la actividad logística de la zona— es constante. El resultado es visible: los parches han saltado, los baches reaparecen y la sensación de inseguridad se multiplica entre los conductores. Más adelante hablaremos de la rotonda de Cobadu otro de los desastres contraperaltados y con un gran riesgo para los que a diario transitan por ella.
Una rotonda al límite
La rotonda situada sobre la A-66 es uno de los puntos más transitados de la margen izquierda de la ciudad. Por ella pasan cada día cientos de vehículos, entre ellos transporte pesado, lo que exige una solución estructural y no un simple parcheo.
A ello se suma el estado de los desagües, algunos levantados, que agravan aún más la circulación. El firme irregular obliga a maniobras bruscas y reduce la estabilidad, especialmente en condiciones adversas.
Motoristas: los grandes olvidados
Si para los coches la situación es incómoda, para las motocicletas el riesgo es aún mayor. La presencia de baches, desniveles y material suelto convierte este punto en un escenario potencial de accidente.
Basta con que una rueda entre en uno de estos desperfectos para que la caída sea una posibilidad real. Y, sin embargo, las actuaciones siguen sin tener en cuenta esta realidad.
Un problema que no es nuevo
La situación de esta rotonda no es un hecho aislado ni reciente. Conductores habituales llevan tiempo denunciando el deterioro progresivo de la vía y la falta de soluciones eficaces.
El problema se extiende además a otras conexiones cercanas, como el conocido “camino viejo” de Villaralbo, que presenta también un estado claramente mejorable. Ya que transitar por él es un verdadero acto de equilibrio y sorteo. Baches asfalto perdido, sin delimitación y sin arcén...una verdadera delicia en días de lluvia...otro punto de los de color oscuro en la provincia.
Prevención frente a reacción
Lo preocupante no es solo el estado actual de la carretera, sino la dinámica que se repite: actuaciones rápidas, poco duraderas y sin planificación a medio plazo.
Porque el mantenimiento de una vía con este volumen de tráfico no puede depender de soluciones temporales. Requiere inversión, previsión y una intervención en profundidad que garantice la seguridad.
En Zamora seguimos instalados en la cultura del parche. Se actúa cuando el problema ya es evidente, pero no antes. Y así, lo que podría resolverse con planificación acaba convirtiéndose en un riesgo diario para quienes simplemente utilizan la carretera.
La pregunta ya no es si habrá que volver a intervenir.
La pregunta es cuándo llegará el próximo susto.