Hay finales que se juegan sobre el césped y otras que se viven en el salón de casa. La del Mundial entre España y Argentina será una de ellas. En la provincia de Zamora, dos familias afrontarán el partido con el corazón partido, aunque todos coinciden en una cosa: pase lo que pase, ya son campeones.
En Carbellino de Sayago, el duelo futbolístico se vivirá con especial intensidad. Fabián defenderá los colores de España, mientras que Paula, argentina de nacimiento, sufrirá por la albiceleste. En medio estará Ulises, el pequeño de la casa, que tendrá que repartir sus emociones entre el país de su padre y el de su madre.
Para Paula, el fútbol es mucho más que un deporte. Forma parte de la identidad de un país que sigue llevando muy dentro pese a vivir lejos de él. La distancia no ha conseguido borrar unas raíces que resurgen cada vez que Argentina salta al terreno de juego.
En Monfarracinos la historia es justo la contraria. Alejandro, argentino, reconoce que nunca ha sido un forofo del fútbol, pero admite que cuando juega la selección de su país aflora un sentimiento difícil de explicar. Frente a él estará Nuria, española y firme defensora de La Roja, dispuesta a empujar hasta el último minuto para que España levante la Copa del Mundo.
Durante dos horas, las camisetas de España y Argentina compartirán sofá, miradas de reojo y alguna broma. Después volverán los abrazos, porque el fútbol separa durante noventa minutos, pero une durante toda una vida.
España y Argentina mantienen desde hace décadas una relación especial. Argentina acogió a miles de españoles durante la Guerra Civil y en los años más duros de la emigración. Hoy es España quien ha abierto sus puertas a miles de argentinos que han encontrado aquí un nuevo hogar y una oportunidad para construir un futuro.
Pandemias, crisis, guerras, viajes y miles de kilómetros han tejido historias compartidas entre ambos países. Por eso esta final trasciende el deporte. Es el reflejo de familias que pertenecen a dos orillas del Atlántico sin dejar de sentirse parte de ambas.
Mientras el mundo debatirá entre Lamine Yamal y Lionel Messi, en Carbellino y Monfarracinos la verdadera victoria será comprobar que el amor puede más que cualquier marcador.
"Lo importante es que no estamos jugando el tercer y cuarto puesto, sino la final para ser los mejores del mundo. Y, de una manera u otra, ya lo somos", resume Fabián.
Pero quizá sea Paula quien mejor explique el verdadero significado de esta final.
«"Para mí este partido no es un enfrentamiento, es un abrazo. Juega mi patria, la que me vio nacer, y el país que me abrió los brazos. Gane quien gane, en mi casa y en mi corazón ya ganamos. Para mí esta final es hermosa: nos une aquí y allí, une mi pasado y mi presente. Pase lo que pase... celebramos."»
Argentina buscará conquistar su cuarta estrella. España aspira a levantar la segunda. Pero en estas dos casas de la provincia de Zamora ya hay un título asegurado: el de demostrar que el fútbol puede dividir una grada durante noventa minutos, pero nunca el cariño entre dos pueblos hermanos unidos por miles de historias compartidas a ambos lados del Atlántico.pero la convivencia capaz de convertir la mayor rivalidad futbolística del planeta en una fiesta familiar quizá solo la aporte el fútbol.