El mundo no se ha roto solo. Tiene responsables. Y nombres propios.
Mientras la diplomacia se arrincona y el derecho internacional se convierte en papel mojado, hay dos líderes que han decidido que el planeta es su tablero personal: Donald Trump y Benjamin Netanyahu.
No es una opinión. Es un hecho que se mide en muertos, en mercados desestabilizados y en un Oriente Próximo que vuelve a arder.
Petróleo, gas… y fuego
El mayor yacimiento de gas del mundo, compartido entre Qatar e Irán, está hoy en el centro de una tormenta geopolítica provocada por decisiones que no buscan estabilidad, sino control.
El gas ha subido un 25%. Los mercados tiemblan.
Y las familias, como siempre, pagan.
Porque mientras unos juegan a la guerra, otros miran la factura.
El orden internacional… enterrado
Lo que estamos viendo no es una crisis puntual. Es la demolición controlada del sistema internacional.
Naciones Unidas ha quedado reducida a espectadora. Las reglas que durante décadas evitaron conflictos mayores han saltado por los aires. Y lo han hecho porque hay quien ha decidido que la ley ya no importa si tienes poder suficiente para imponer tu voluntad. Europa se quita del medio y sobre todo por la arrogancia de Trump que para "cagarla" se vale solo, hasta sus analistas del Pentágono ya le han dicho que ..."majete no sabes lo que haces"
Netanyahu ha llevado la política israelí a un punto de no retorno. Gaza arrasada, el Líbano en el punto de mira y una escalada que amenaza con incendiar toda la región.
Y detrás, respaldando cada movimiento, Estados Unidos.
O mejor dicho, Trump. Que ya hizo de las suyas con Venezuela, lo intentó con Groenlandia, lo hará con Cuba y pasará de España y de Sánchez, porque lo tiene complicado en su país viendo como le van las encuestas que lo ponen lejos de la Casa Blanca en breve, porque será incapaz de parar esta barbarie a cuenta de su ego y el de su amigo el presidente israelí.
El matón del mundo
Trump no es un estratega. Es otra cosa. Los chiies cada vez más unidos, y pueden darle un disgusto mucho mayor a Trump, el mundo árabe es imprevisible pero claro está que los yankis son parecidos y unidos a los judíos resentidos mucho más.
Es la política convertida en espectáculo de fuerza.
Amenaza, presiona, rompe alianzas y desprecia a Europa mientras juega a ser imprescindible. Dice que no necesita a la OTAN, que no necesita aliados. Que él solo basta.
El problema es que cuando un líder así se equivoca, no paga él.
Pagamos todos y sus compatriotas, que nos consta que ya se le están rebelando.
Dentro de su propio país el miedo ya se respira en muchos hogares. Inmigrantes con papeles en regla viven con temor a salir a la calle. El llamado “país de la libertad” empieza a parecerse demasiado a otra cosa. Sus amigos votantes ya no son tantos, y hasta los evangélicos blancos...protestan. Ahora 200.000 millones de dólares para la guerra...ahora si le pide el dinero al senado?....vaya desastre.
Y mientras tanto, el mundo observa.
La guerra como negocio
Aquí no hay guerras santas. Hay el llamado "power of money"
No hay cruzadas.
No hay religión que explique lo que está pasando.
Hay gas.
Hay petróleo.
Hay rutas estratégicas.
Hay dinero.
El famoso power of money.
Y cuando el dinero manda, la humanidad sobra.
Más de mil civiles muertos en Irán. Miles en Gaza. Familias enteras destrozadas. Y todo para sostener un pulso de poder que ni resuelve nada ni tiene salida clara.
Europa… y el contrapunto
Frente a este escenario, Europa intenta sostener el discurso de la legalidad internacional. España, con Pedro Sánchez al frente, ha sido una de las voces que ha marcado distancia con la escalada bélica. Y en esto en España no se puede llevar un todos a una que siempre hay quien en la derecha prefieren un conflicto a la paz, y claro está que es por Ayuso y Feijoo, de Abascal ya ni hablamos. Algo que no puede entenderse en las personas que tienen sentido común. Al menos Europa con Úrsula a la cabeza, la jefa de los populares del parlamento y la ONU se alían en favor de la paz.
No es casualidad.
Es una necesidad.
Porque alguien tiene que decir que esto no es el camino.
Un mundo en manos equivocadas
Lo más preocupante no es la guerra.
Lo más preocupante es quién la dirige.
Dos líderes que actúan desde el ego, desde la arrogancia y desde una visión del poder que recuerda más a otros siglos que al presente.
Se envuelven en discursos de seguridad, apelan a Dios, hablan de defensa… pero lo que dejan a su paso es destrucción.
La historia ya ha visto esto antes.
Y nunca acabó bien.
Zamora también está dentro de esta guerra
Aunque parezca lejos, no lo está.
El precio de la energía, la inestabilidad económica, las decisiones políticas… todo acaba llegando.
A Zamora.
A España.
A Europa.
Porque en un mundo global, las guerras ya no tienen fronteras.
La pregunta que queda
¿Hasta cuándo?
¿Hasta cuándo vamos a permitir que el planeta se gobierne desde el ego de unos pocos?
Porque si algo está claro es esto:
El mundo no está loco. El mundo está mal dirigido.
Y cuando los que mandan juegan a la guerra, el resto solo puede hacer una cosa:
Sobrevivir a sus decisiones.