Zamora conquista La Leyenda… y se queda

Cuando la cercanía pesa más que la masificación en las grandes concentraciones moteras
leyenda zamora sayago
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Zamora vuelve a estar donde se siente cómoda: en La Leyenda. Y no es casualidad. Mientras otras grandes concentraciones apuestan por cifras, ruido y titulares, muchos moteros zamoranos —de Sanabria, Pereruela, Moraleja, Sayago o Tierra del Pan— siguen prefiriendo el espíritu que se respira en La Leyenda Continúa, celebrada en Cantalejo.

leyenda
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Aquí no hay que preguntar demasiado para entenderlo. Basta con asistir. Ver, escuchar, compartir mesa y fuego. La camaradería no se predica: se practica. Y eso, en el mundo de las dos ruedas, marca la diferencia.

Frente a la masificación de Pingüinos, sin desmerecer su historia ni su peso, muchos moteros zamoranos optan por un formato distinto. Más humano. Más de pueblo. Más cercano. Quizá por eso Segovia —y Cantalejo en particular— se ha convertido en punto de encuentro natural para quienes buscan algo más que una foto entre miles.

En La Leyenda las cosas saben a pueblo: a sopas de ajo, a huevos fritos, a judiones compartidos sin prisas. A ese trago que calienta las noches frías y a conversaciones que no entienden de marcas ni de cilindradas. Aquí se viene a rodar, sí, pero sobre todo a estar.

Diez ediciones ya avalan una concentración que ha sabido crecer sin perder su esencia. Gaitas, queimadas, tradición y un ambiente donde la cercanía pesa más que el número. No es raro ver a sanabreses, sayagueses o “froilanes” mezclados con moteros llegados de toda Europa… e incluso de Estados Unidos. Porque sí, La Leyenda también es internacional, pero sin dejar de ser auténtica.

leyenda zamora
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Mientras Motauros llama a la puerta y sigue consolidándose como otra gran cita del invierno motero, La Leyenda mantiene ese equilibrio difícil: crecer sin desbordarse. Quizá por eso muchos prefieren no irse a la capital. Porque somos de pueblo. Y porque en Cantalejo el invierno se vive con calor humano. Y también la cercanía de tener una zamorana en la organización, Rosa Chacón que es ya una experta en freír huevos, ayudar en todo y ser la protectora de los zamoranos que se desplazan hasta ese Cantalejo que se internacionaliza con una vista puesta en el mundo de la moto como baluarte.

Tal vez sea por el caldo caliente. Por los chupitos compartidos o los DYC de no lejos o tal vez por las doce uvas moteras más auténticas que se recuerdan. O simplemente por la amistad que se renueva cada año.
Sea por lo que sea, Zamora ha conquistado La Leyenda. Y todo apunta a que seguirá haciéndolo. Porque hay concentraciones… y luego están los lugares donde uno se siente en casa. Diez años después ...la Leyenda continúa!!!...

cantalejo
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