Lo más comentado de la Feria del Libro de Zamora no fue un libro: fue una máquina de escribir
Sin pantallas, sin borradores y sin red digital. Solo una palabra lanzada al aire, el sonido inmediato de una máquina de escribir y dos creadores que escuchan con atención lo que el público propone como punto de partida. A partir de ese gesto mínimo, el poema aparece en directo, sin posibilidad de vuelta atrás, sostenido únicamente por la intuición y el instante.
La propuesta de Hablalatinta ha irrumpido con fuerza en la última Feria del Libro de Zamora, donde se ha convertido en una de las experiencias más concurridas y comentadas. Desde primera hora, el espacio ha recibido un flujo constante de visitantes, atraídos por una dinámica poco habitual en este tipo de eventos y por la promesa de llevarse un poema hecho a medida en cuestión de segundos.
Instalados frente a dos máquinas de escribir, los responsables del proyecto, Álvaro Piedelobo y Pablo Urizal, junto a Paula Castillo, con más de diez años de experiencia, han transformado el entorno en una especie de taller abierto de poesía instantánea. Cada intervención comenzaba con una palabra aportada por el público, que actuaba como chispa inicial para construir un texto que se teclea en vivo y se entrega inmediatamente en papel.
“Máquina de escribir, dedos ágiles, creatividad desbordante y saber escuchar”. No hay más misterio. Piedelobo apunta más al pulso humano que a la técnica. La clave, insisten, no está en la ejecución mecánica del texto, sino en la capacidad de captar lo que hay detrás de cada palabra propuesta. No existe borrador ni corrección: lo escrito sucede una sola vez y así permanece.
A lo largo de la jornada, el intercambio ha sido continuo. Personas de todas las edades —con especial presencia de público joven y menores— se acercaban con curiosidad o dejándose llevar por el momento, muchas veces sin saber qué palabra ofrecer hasta que el propio contexto la sugería. El resultado era siempre el mismo: un poema breve, único y personalizado que salía directamente de la máquina a las manos del participante.
El efecto de la propuesta ha sido inmediato. La novedad del formato ha generado colas constantes y una interacción inusual para un espacio literario tradicional, donde el público no solo observa, sino que forma parte activa del proceso creativo.
El proyecto reivindica también una forma de creación alejada de lo digital. El ritmo de las teclas, el papel recién impreso y la ausencia total de pantallas construyen una experiencia física de la escritura, donde cada poema se convierte en un objeto tangible e irrepetible.
“Son años de práctica de improvisación poética y de saber escuchar qué hay detrás de lo que la gente comunica”, apuntan sus creadores, subrayando que la aparente espontaneidad se sostiene sobre un entrenamiento previo y una lectura rápida de lo humano.
En su paso por Zamora, la iniciativa ha reforzado su presencia dentro del programa cultural de la feria, consolidándose como una de las actividades con mayor respuesta del público. El 1 de junio, el proyecto continuaba su recorrido en la Feria del Libro de Madrid.