Ana Merino, Premio Nadal, y García Jambrina convierten Zamora en una charla literaria sobre libros, vida y viajes

Ana Merino y Luis García Jambrina, en un momento de la charla en la Librería Ler
La escritora Ana Merino llegó a la Librería LER de Zamora para presentar su última obra en un acto que trascendió el formato habitual de presentación literaria y se convirtió en una conversación cercana sobre escritura, memoria y trayectorias vitales. La cita estuvo conducida por el escritor zamorano Luis García Jambrina, que en enero presentó su propio libro, El último caso de Unamuno, en un contexto  marcado por el diálogo entre autores y la complicidad con el público

La Librería Ler de Zamora volvió a convertirse en un espacio de encuentro literario de primer nivel con la presencia de la escritora Ana Merino y el novelista zamorano Luis García Jambrina, en una conversación que desbordó el formato habitual de las presentaciones para transformarse en una charla cercana, sin artificios, entre dos autores que comparten recorridos culturales y vitales.

La cita, marcada por un tono de amistad y complicidad, fue más un diálogo que una entrevista. Ambos fueron desgranando recuerdos, referencias culturales y experiencias compartidas en actos y encuentros literarios, en una conversación que avanzó con naturalidad entre la literatura y la biografía personal.

Ana Merino, ganadora del Premio Nadal por El mapa de los afectos, presentó su nueva novela, El camino que no elegimos (Destino), una obra atravesada por la idea de las decisiones vitales y los caminos alternativos que marcan una vida. Durante la charla, se detuvo en la importancia de los lugares y las ciudades como materia literaria, entendidos no como simple escenario, sino como parte esencial de la identidad narrativa.

Su trayectoria, marcada por una larga etapa en Estados Unidos, afloró con especial intensidad en la conversación. Allí desarrolló su formación académica y una parte decisiva de su carrera intelectual, pasando por distintas universidades y centros de investigación. Ese recorrido internacional, junto a estancias en otros países europeos, fue configurando una mirada amplia y cosmopolita que atraviesa su obra.

La autora recordó cómo su paso por disciplinas como el teatro y el cómic influyó en su forma de escribir y construir relatos. En el ámbito académico, su trabajo en los estudios culturales y en la teoría del cómic la llevó a participar en proyectos internacionales, publicaciones de referencia y redes de investigación que contribuyeron a legitimar este lenguaje narrativo en el ámbito universitario, en un momento en que aún no gozaba del reconocimiento actual.

En ese proceso, la creación de espacios académicos, revistas especializadas y proyectos colectivos fue clave para consolidar un campo que hoy forma parte de los estudios humanísticos. Aquella etapa, marcada por la colaboración y la construcción de redes, también estuvo ligada a su participación en iniciativas que conectaban la cultura con la llamada economía creativa, especialmente en contextos universitarios de Estados Unidos.

Ana Merino realiza una de sus firmas dibujadas

Esa experiencia vital se refleja directamente en su obra narrativa. En sus novelas, las ciudades no son un decorado, sino una extensión de la memoria: lugares como Columbus, Pittsburgh, Iowa City o New Hampshire aparecen transfigurados en personajes y atmósferas que dialogan con la biografía de la autora. Esa geografía vivida se convierte en una estructura narrativa que sostiene sus historias y da profundidad a los personajes.

Frente a ella, Luis García Jambrina, que en enero presentó su última obra, "El último caso de Unamuno", condujo la conversación desde la cercanía de quien conoce bien su trayectoria, subrayando la coherencia entre vida y escritura y el modo en que la autora ha ido construyendo un universo literario propio, reconocible y profundamente ligado a la experiencia.

La conversación derivó también hacia la escritura como espacio de exploración emocional y vital, donde las decisiones, los retornos y los desplazamientos adquieren un peso narrativo central. Lejos de una exposición académica, el diálogo se movió en un terreno de confidencias, recuerdos culturales y complicidades compartidas.

Uno de los momentos más singulares llegó en la firma de ejemplares, donde Ana Merino incorporó dibujos e intervenciones gráficas personalizadas, una práctica que refuerza su vínculo con el universo visual y que sorprendió a los asistentes por su carácter poco habitual en el circuito editorial.

Público asistente a la Librería LER para escuchar a Ana Merino y Luis García Jambrina

La librería zamorana volvió así a convertirse en un pequeño refugio cultural donde los libros sirvieron como punto de encuentro para hablar no solo de ficción, sino también de amistad, memoria, trayectorias vitales y de esos caminos inesperados que terminan marcando una vida.