La Virgen de la Velilla vuelve a su ermita en Villalobos tras una inédita estancia en San Pedro por el cierre de las Clarisas
La salida de la comunidad religiosa, vinculada a Villalobos desde el siglo XV, ha supuesto un fuerte impacto para el pueblo. Durante generaciones, el convento de Santa Clara no solo ha sido uno de los grandes referentes espirituales del municipio, sino también el escenario donde cada primavera se celebraban las novenas, rezos y encuentros alrededor de la Virgen de la Velilla, una de las devociones más arraigadas de la localidad.
Ante esta nueva situación, la iglesia de San Pedro ha tomado este año el relevo de Santa Clara para evitar que la tradición desapareciera. Durante dos semanas, vecinos y fieles han mantenido los actos religiosos en torno a la Virgen en un ambiente marcado por la emoción y la nostalgia, pero también por el empeño colectivo de conservar una celebración profundamente ligada a la identidad y a la memoria de Villalobos.
La estancia de la imagen en San Pedro ha estado cargada de simbolismo. Muchos vecinos han interpretado estas jornadas como una despedida indirecta de una etapa histórica para el municipio tras el cierre del convento, un espacio que durante siglos formó parte de la vida cotidiana, social y religiosa del pueblo.
Además, Villalobos ha mantenido otra de las costumbres ligadas históricamente a esta celebración. Una familia del municipio asumió este año los 500 euros del coste del traslado de la Virgen, una tradición que cada año recae en vecinos o familias vinculadas a la devoción de la imagen.
El regreso de la Virgen a la ermita estuvo además pendiente del tiempo. La imagen tuvo que ser cubierta durante parte del recorrido ante la amenaza de lluvia, en una procesión especialmente emotiva para los asistentes, conscientes de que esta edición quedará marcada en la historia reciente de Villalobos por la ausencia de las Clarisas y por el traslado obligado de una tradición que durante décadas había permanecido unida al convento de Santa Clara.