San Juan del Rebollar reinventa el Mayo con la maya de Luisa Esteban de 1,80 metros y hecha con flores del campo
El Mayo tradicional ha dado paso en este municipio de Aliste a una reinterpretación inesperada y muy visual: la maya floral elaborada a mano con flores y materiales naturales del entorno, que se alza cada año en la puerta de Luisa Esteban y que ha transformado una de las tradiciones más arraigadas del municipio en un símbolo de creatividad, participación vecinal y orgullo rural
En San Juan del Rebollar, pequeño municipio alistano de poco más de 120 vecinos, la celebración del Mayo ha evolucionado hacia una forma de expresión que une memoria, creatividad y arraigo rural. La protagonista indiscutible es la maya elaborada por Luisa Esteban, una creación artesanal que ha redefinido el modo de entender esta tradición en el entorno.
La pieza, de casi 1,80 metros de altura y unos 50 kilos de peso, se alza cada año en la puerta de su vivienda como auténtico símbolo festivo del pueblo. Está confeccionada con flores silvestres y materiales naturales recogidos en el campo, ensamblados de manera manual hasta dar forma a una figura que va más allá de lo decorativo para convertirse en emblema colectivo de identidad local. El conjunto se completa con elementos como un sombrero y una peluca, que refuerzan su impacto visual durante las fiestas.
Lejos de ser una iniciativa aislada, esta reinterpretación del Mayo forma parte de una dinámica compartida por varias vecinas del pueblo. Junto a Luisa Esteban, destacan nombres como Chonita, autora de una maya con forma de niña, y María Vara, que ha creado otra figura similar. Todas ellas consolidan un modelo de participación femenina que ha ganado protagonismo en la conservación y renovación de la tradición.
El cambio respecto al Mayo tradicional es profundo. La antigua costumbre, basada en la colocación de un árbol coronado con muñecos de paja, fue perdiendo fuerza con el éxodo de la población joven. En su lugar, estas nuevas mayas introducen una reinterpretación simbólica, sustituyendo el tronco por figuras humanas que dialogan con la realidad actual del medio rural.
En esta transformación, la dimensión femenina adquiere un papel central, no solo como ejecutora de la tradición, sino como agente activo de cambio cultural. La estética de las mallas aporta además una lectura contemporánea que visibiliza la implicación de las mujeres en la preservación del patrimonio inmaterial.
Las creaciones, elaboradas exclusivamente con materiales naturales del entorno, requieren un mantenimiento constante durante las fiestas. A medida que las flores se marchitan, las propias autoras las van sustituyendo para mantener viva la estructura, reforzando así el carácter efímero y cambiante de la obra.
En el recuerdo del pueblo permanece la figura de Gregorio Mezquita, vecino fallecido y referente en la conservación del Mayo tradicional, cuya memoria sigue vinculada a la continuidad de la celebración. Su legado se entrelaza ahora con esta nueva etapa en la que la tradición no desaparece, sino que se adapta a la evolución social del entorno rural.
La implicación vecinal sigue siendo el eje fundamental de la fiesta. En San Juan del Rebollar, la elaboración de estas mayas se ha consolidado como una forma de reforzar la identidad local, mantener el vínculo con el territorio y reinterpretar una costumbre que continúa viva a través de nuevas manos y nuevas miradas.
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