Los protestantes perseguidos y asesinados que se asentaron en varios pueblos de Zamora: la historia que el tiempo quiso borrar
Durante décadas, la historia de las comunidades protestantes de Zamora quedó prácticamente borrada de la memoria colectiva. Mientras la historia oficial apenas dejó espacio para quienes profesaban una fe distinta a la mayoritaria, pequeños grupos de evangélicos se asentaban a comienzos del siglo XX en municipios como Barcial del Barco, Castrogonzalo, Benavente, Fresno de la Ribera, Tábara o la comarca de Vidriales, impulsados por misioneros ingleses que no solo predicaban el Evangelio, sino que también enseñaban a leer y escribir a niños y niñas en una España rural donde el analfabetismo era todavía una realidad.
Hoy, más de cien años después, aquella historia comienza a recuperarse gracias al trabajo de investigación del historiador Víctor Iturbe Martínez, vecino de Castrogonzalo y cuidador de una de las hijas de aquellos protestantes, que este domingo, pocas horas antes de la final del Mundial entre España y Argentina, ofreció una conferencia en el edificio de Servicios Múltiples de Barcial del Barco bajo el título "Cultos, misioneros y protestantes", incluida en el programa de las fiestas patronales de Santa Marina. Una charla que permitió a muchos vecinos descubrir que, en sus propios pueblos, existieron capillas protestantes, bautisterios, escuelas dominicales y familias que vivieron su fe entre la esperanza y la persecución.
evangélica de León, en los años 70. Fotos cedidas
La investigación de Iturbe desmonta la idea de que el protestantismo apenas tuvo presencia en la provincia. No fueron comunidades numerosas, pero sí extraordinariamente activas. En algunos pueblos apenas cinco familias mantenían vivo el culto, organizaban reuniones semanales y recibían la visita de misioneros británicos que recorrían la provincia difundiendo el protestantismo. Entre ellos destacó William Willis, un misionero inglés que ya trabajaba en Villalube y que en 1909 impulsó la creación de la comunidad evangélica de Barcial del Barco.
durante los años de libertad religiosa de la Segunda República. Fotografía de
hermanos y hermanas evangélicos de las tierras de Benavente
Lo más valioso de aquella labor es que quedó documentada. Willis escribía periódicamente cartas y boletines dirigidos a Inglaterra donde relataba las conversiones, los bautismos, las dificultades que encontraba y la evolución de cada congregación. Después tomaría el relevo otro misionero, Samuel Chapman, que continuó describiendo con detalle la vida de aquellas pequeñas comunidades y la creciente hostilidad que sufrían por parte de una sociedad que no comprendía que alguien pudiera abandonar el catolicismo para abrazar otra confesión cristiana.
A diferencia de la imagen que muchas personas pueden tener, aquellos grupos no centraban únicamente su actividad en los actos religiosos. Las escuelas dominicales se convirtieron en una herramienta de alfabetización para numerosos niños de las zonas rurales. Utilizando la Biblia como libro de lectura, muchos aprendieron a leer y escribir en unos años en los que acceder a la educación no resultaba sencillo. De hecho, todavía viven personas que recuerdan aquellos encuentros o que conservan el testimonio transmitido por sus padres y abuelos.
Castrogonzalo y Benavente, sobre los bautismos realizados en los ríos de la
comarca de Benavente en 1931
Pero aquella convivencia pronto dio paso a la intolerancia. Según explica Iturbe, los llamados colportores, vendedores ambulantes de Biblias, eran expulsados de numerosos pueblos e incluso agredidos. Uno de los casos que ha documentado relata cómo el abuelo de una de las familias protestantes fue expulsado a pedradas de Valderas, pueblo de León, simplemente por distribuir ejemplares de las Escrituras.
La llegada de la Guerra Civil supuso un punto de inflexión. Las comunidades evangélicas fueron perseguidas, algunos de sus miembros fueron encarcelados, otros asesinados y muchos optaron por reunirse en la clandestinidad para evitar represalias. En palabras del investigador, aquella persecución terminó convirtiéndose también en un silencio que se prolongó durante generaciones. Muchas familias dejaron de hablar de lo ocurrido por miedo, y sus propios hijos crecieron sin conocer lo que habían vivido sus padres.
la obra evangélica por los pueblos de León, como Toral de los Guzmanes y
Jiménez de Jamuz, durante los años 20, en tiempos de intolerancia religiosa
Uno de los nombres que mejor simboliza aquella etapa es el de Audelino González Villa, veterinario leonés que ejerció en Fuentes de Ropel y Castrogonzalo, colaboró con el pastor Arturo Shallis y participó en la fundación de la iglesia evangélica de Benavente. Tras el estallido de la Guerra Civil fue detenido y permaneció encarcelado en Zamora y posteriormente en Toro. Durante esos meses escribió cartas a su esposa utilizando tinta simpática, elaborada con zumo de limón, para relatar las ejecuciones de compañeros, la vida en prisión y la labor evangelizadora que desarrollaba entre los presos. Ese valioso testimonio verá la luz próximamente en un libro impulsado por el Centro de Estudios Benaventanos Ledo del Pozo, que permitirá conocer con detalle una parte apenas estudiada de la represión religiosa en la provincia.
La investigación también ha permitido localizar restos materiales de aquel pasado. En Castrogonzalo aún permanece el solar donde se levantó la antigua capilla evangélica, derribada en los años ochenta, y todavía puede identificarse el antiguo baptisterio. En Barcial del Barco, el lugar donde estuvo la capilla continúa siendo conocido por los vecinos como "El Culto", y en 2020 apareció el baptisterio donde los nuevos creyentes eran bautizados por inmersión, una práctica característica del protestantismo.
misionero inglés Arturo J. Shallis en 1927. Contaba con baptisterio y fue derruida
en los años 90
evangélica de las tierras de Benavente desde 1909 y donde aún se localiza un
baptisterio
Para Iturbe, estos vestigios forman parte del patrimonio histórico de Zamora y merecen ser protegidos porque ayudan a comprender una realidad que durante demasiado tiempo quedó relegada al olvido. Su interés por esta historia nació casi por casualidad, a partir de los recuerdos que su madre conservaba sobre unas familias protestantes de Castrogonzalo a las que describía como personas trabajadoras y honradas. Aquella curiosidad le llevó primero a investigar la figura del alcalde republicano Elías García, también protestante y prácticamente desconocido en su propio pueblo, y más tarde a recorrer archivos, hemerotecas evangélicas y boletines misioneros británicos durante cinco años.
El resultado es una investigación que rescata nombres, fotografías, cartas y testimonios que permiten reconstruir una parte poco conocida de la historia de Zamora. Una historia protagonizada por hombres y mujeres que, pese a ser una minoría religiosa, dejaron su huella en la educación, en la vida cotidiana de numerosos pueblos y en la memoria de una provincia que empieza ahora a redescubrir un capítulo que permaneció oculto durante más de un siglo.