Primera Comunión en Granja de Moreruela: cuando una misa con una niña venezolana y un sacerdote haitiano retrata el nuevo mundo rural
“Me ha gustado, la ceremonia ha sido bonita”. La frase de Valery Sofía Amado condensa con sencillez una Primera Comunión en Granja de Moreruela que ha devuelto la vida religiosa a la localidad tras siete años sin este tipo de celebraciones y que ha terminado convirtiéndose en una imagen de la transformación silenciosa del medio rural.
La iglesia volvió a llenarse de vecinos, flores y emoción en una misa oficiada por un sacerdote de origen haitiano, el padre Bernardo, cuya presencia aportó un simbolismo especial a una jornada en la que lo religioso y lo social se entrelazaron de forma natural, reflejando la diversidad creciente en los pueblos de la provincia.
En el centro de la celebración está Valery Sofía Amado, una niña de origen venezolano que llegó a España con apenas un año de edad y que ha crecido ya plenamente integrada en nuestro país, tras un recorrido familiar que la llevó por distintos países antes de establecerse en la provincia.
En Granja de Moreruela es además la única niña escolarizada en el CRA de Villarrín de Campos, un dato que habla de la realidad demográfica del territorio y del papel de la escuela comarcal como espacio de convivencia y arraigo en el medio rural.
Durante la ceremonia, la menor resume su experiencia con una frase breve y directa: “Me ha gustado, la ceremonia ha sido bonita”, una expresión que encierra la naturalidad con la que ha vivido un día que forma parte ya de su historia personal en Zamora y en este pueblo de Tierra de Campos.
La celebración no terminó en el templo. La niña fue la única en participar también en la procesión del Corpus Christi, vestida de blanco y con una cesta colgada del brazo, lanzando pétalos de flores al paso del Santísimo, en una imagen que concentró la emoción del momento y la implicación de la comunidad en el rito.
Sus padres, Yolmer y Joanna, junto a la abuela, han recorrido varios países —entre ellos Chile y Ecuador— antes de encontrar estabilidad laboral en Zamora. Ella trabaja en una de las casas rurales del municipio; él lo hace en la dehesa de La Guadaña, a la que acude cada día en bicicleta desde el pueblo, a unos tres kilómetros de distancia.
La familia llegó a España en agosto de 2025, concretamente a Orihuela, donde nació su segunda hija, Emma Paula, que ahora tiene cuatro meses. Más tarde, en marzo, se asentaron en Granja de Moreruela, donde han iniciado esta nueva etapa de vida en el medio rural zamorano.
Hablan con calma de ese camino largo, de la adaptación y del presente que ahora empieza a asentarse. “Estamos bien, gracias a Dios, muy bonito todo”, explican con serenidad, como quien va echando raíces poco a poco en un lugar nuevo que ya empieza a sentirse propio.
La jornada se cerró en el ámbito familiar, con una celebración sencilla en casa, donde la protagonista eligió algo tan cotidiano como hamburguesas, "ella lo ha pedido", aclara su madre, para terminar su día especial, en un gesto que contrasta con la solemnidad del rito y lo devuelve a la normalidad de la infancia.
Una escena discreta pero llena de significado: una niña, una familia que llega de lejos, un sacerdote haitiano y un pueblo que acoge. Todo ello en una misma celebración que, sin pretenderlo, dibuja la nueva realidad de la España rural.