domingo 29/5/22

La orgullosa cabina de Fermoselle, 40 años después : "Y aquí estoy yo feliz de que la gente me vuelva a mirar"

Las mujeres de la asociación relatan la historia de famosa cabina ubicada junto a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la única de las cuatro que pervive en el municipio, convertida hoy en un nuevo reclamo
Mujeres de la asociación de Fermoselle decorando la cabina. Fotografía: CEDIDA
Mujeres de la asociación de Fermoselle decorando la cabina. Fotografía: CEDIDA

La cabina de Fermoselle, la única de las cuatro que se instalaron en la década de los años 80, toma hoy la voz. Recurriendo al uso de la personificación, la cabina que en su día fue testigo de miles de conversaciones, de cientos de historias a distancia, de quedadas, reencuentros y celebraciones hoy toma la voz. 

En enero aún se conservaban en funcionamiento unas 14.000 cabinas a nivel nacional. Sólo unas cuentas de ellas las podemos localizar en nuestra provincia, un puñado en plena capital y otros en lugares tan especiales como la villa medieval, espacio privilegiado de Los Arribes y cuna de uno de los vinos más valorados de la comarca sayaguesa. 

La cabina ubicada en pleno centro de Fermoselle, en concreto junto a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, es la única que a día de hoy se conserva. Si bien ya no atiende a su utilidad inicial, las mujeres de la asociación han decidido salvar de la extinción y "de la chatarra" a esta estructura que, si bien ha dejado de ser considerada como un servicio público, sigue siendo objeto de orgullo para los follacos. También para los turistas y visitantes, casi obligados a saciar su curiosidad descolgando el teléfono para comprobar si hay línea. 

Durante las dos últimas semanas, la estructura ha sido sometida a un lavado de cara, ya desnuda de los carteles, propaganda y demás publicidad y que en los últimos días ha tomado nueva forma con un "vestido" diseñado por las mujeres del pueblo que, como bien están acostumbradas, se han puesto agujas en mano para cubrir toda la cabina de ganchillo, incluyendo en su interior un par de libros como manera de fomentar la cultura. 

La cabina de Fermoselle sigue siendo objeto de historias pero, sobre todo, de orgullo para unos vecinos que desean que por mucho tiempo más siga formando parte del paisaje urbano de la villa. 

Mujeres de la asociación de Fermoselle decorando la cabina. Fotografía: CEDIDA
Mujeres de la asociación de Fermoselle decorando la cabina. Fotografía: CEDIDA

"Cuelga tú

No, cuelga tú primero

Hoy quiero contaros mi historia, una historia que comienza en Fermoselle hace 40 años. Llegué con dos hermanas, una en la Plazuela y otra en la plaza vieja, y una prima, en Santa Colomba. Me instalaron junto a la iglesia cerquita de la plaza mayor. Desde el primer día me encantó el sitio porque desde allí veía pasar la gente toda elegante para ir a misa, para tomarse unos pinchos, para ir al mercadillo cada sábado final de mes, los novios llegando a la iglesia con los invitados, escuchaba la música de las verbenas y los mozos corriendo en el encierro. Recuerdo a muchos metiéndose dentro e incluso arriba para que la vaquilla no los pillaste.

Conversaciones entre padres e hijos, novios y amigos:

 ¡Mamá aprobé el exàmen de bioquímica!

 Hijo ¿que tal te tratan en la mili?

 El abuelo está muy malito

¡Que la niña se nos casa! 

¿Venís este año a las fiestas? 

¡Que somos abuelos!

Hijo,¿ comes bien?Te mando unos chorizos. 

¡Que se me acaban las monedas!

Cuelga tú, no tú primero, no tú mi amor...

Cuanto te extraño...

Yo era feliz. Pero poco a poco todos tuvieron teléfono en casa y más tarde fueron apareciendo los móviles. Y un día se llevaron a mi prima y al poco a mis hermanas y eso me entristeció.

Y pasó el tiempo y ya nadie entraba a hablar en la cabina. Los niños jugaban conmigo al escondite, a las muñecas cuando llovía y sobre todo a los toros. ¡Como le gustaba jugar conmigo a las vaquillas!

Seguía pasando el tiempo y ya nadie me miraba. Y me pegaban carteles y más carteles que se hacían añejos. Y pegatinas ¡Y hasta chicles¡ Iban quedando restos de adhesivos y de celofán. Y perdí las dos puertas Ya nadie me lavaba y me encontraba muy sucia. 

Y un día las mujeres de Fermoselle se acordaron de mí. Oyeron que me querían llevar a la chatarra.  Y es allí que se pusieron a tejer para pasar el rato porque muchas estaban muy solas durante la pandemia. Aquello las unió y ya no veían la tele. Se cambiaron colores, recordaron lo mucho que les gustaba tejer y se sintieron contentas entre lanas y agujas

La semana pasada me quitaron todos los carteles, las pegatinas y el fixo. ¡Y me dieron un baño que agusto me encontré!

Hoy me han traído un vestido muy bonito, de muchos colores que me sienta estupendo. Y aquí estoy yo feliz de que la gente me vuelva a mirar y que estén orgullosos de mí. Incluso me han dejado un par de libros para que pasen y lean.

Gracias a todas esas mujeres de la asociación de Fermoselle que me han devuelto a la vida".

Texto: Aurora Cortés

Mujeres de la asociación de Fermoselle decorando la cabina. Fotografía: CEDIDA
Mujeres de la asociación de Fermoselle decorando la cabina. Fotografía: CEDIDA

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