miércoles. 17.04.2024

El amor por la naturaleza que 'echa raíces' en este pueblo de Zamora

Más de una veintena de niños plantaron árboles; algo más que hundir una semilla en la tierra; es abrazar el ciclo de la vida, es comprometerse con el futuro, dejar una huella que trascienda el paso de los años

A través de 'echando raíces' surge el propósito de sembrar el amor por la naturaleza en los corazones de los más jóvenes mientras se enriquece el suelo de este rincón de la localidad

Actividad 'echando raíces' en Castronuevo de los Arcos. Imagen cedida (1)
Actividad 'echando raíces' en Castronuevo de los Arcos. Imagen cedida (1)

En Castronuevo de los Arcos ha nacido una iniciativa con la fuerza de los árboles más antiguos y la delicadeza de las semillas recién plantadas. A través de 'echando raíces' surge el propósito de sembrar el amor por la naturaleza en los corazones de los más jóvenes mientras se enriquece el suelo de este rincón de la localidad.

Con veintiún niños, desde apenas dos meses hasta los diez años, esta actividad ha logrado unir generaciones en un abrazo de verdor y vida. Trasmitiendo el respeto por el entorno involucrando a los más pequeños a través de un acto de sembrar vida. Cada menor plantó un árbol; algo más que hundir una semilla en la tierra; es abrazar el ciclo de la vida, es comprometerse con el futuro, dejar una huella que trascienda el paso de los años.

En un lugar donde la natalidad ha sido escasa, cada árbol plantado por las manos inocentes de estos niños se convierte en un símbolo de esperanza y renacimiento. Es un grito de amor por la tierra que los vio nacer y un compromiso con las generaciones venideras. Es un recordatorio de que, aunque el mundo avance a pasos agigantados, las raíces deben permanecer firmes en la tierra que sustenta.

Actividad 'echando raíces' en Castronuevo de los Arcos. Imagen cedida (2)
Actividad 'echando raíces' en Castronuevo de los Arcos. Imagen cedida (2)

 

Pero la magia no termina con la siembra. El proyecto está diseñado para perdurar en el tiempo. Los niños no solo plantan los árboles, sino que se convierten en sus guardianes, en sus cuidadores. A lo largo del año, aprenderán a mimar a estas nuevas criaturas verdes, a regarlas con cariño, a protegerlas del viento y la sequía. Además, cada árbol lleva el nombre de su protector siendo así un legado de amor por la naturaleza que perdurará por generaciones.

El amor por la naturaleza que 'echa raíces' en este pueblo de Zamora