viernes 7/5/21

Escenarios de Pasión: Aquel Martes Santo

Aquel Martes Santo no llovió, pero al paso por el Puente de Piedra se derramaron lágrimas. Aquel Martes Santo las bandas de Zamora y Toro, esas bandas que tan bien conocías tocaron como nunca en la entrada del puente. Aquel Martes Santo que nos dejaste, Saúl.

Aquel Martes Santo, los que te habíamos visto el día anterior, en ese balcón de la calle Feria viendo pasar la Tercera Caída, los que te vimos en ese permiso express para disfrutar de la Semana Santa, de tu Semana Santa, nos levantamos con la terrible noticia de tu fallecimiento. Lo supimos enseguida cuando todos los medios de comunicación abrían con la pésima noticia, y entonces, en las primitivas redes sociales que existían, nos fuimos dando la noticia unos a otros.

Aquel Martes, hace ya seis años, vi llorar a los músicos de la Banda de Zamora, a los de la Banda de Toro. Habían sido muchos años a tu lado, Saúl. Fueron llegando a la Santa Iglesia Catedral a acompañar al Nazareno y a la Esperanza. Fueron abrazándose porque sabían que les faltaba uno de ellos, uno de esos que había interpretado tantas marchas, que le había dado luz a nuestra Pasión.

Aquel Martes Santo el Mozo pesaba más que nunca cuando se acercaba al Puente de Piedra, cuando desde su lugar privilegiado podía divisar un triste Carrascal. La Esperanza, madre de muchos zamoranos, seguía a su hijo más apenada que nunca porque había perdido a uno de sus hijos y enjugaba en su pañuelo lágrimas de Soledad.

Aquel Martes Santo las bandas pararon a la entrada del Puente de Piedra, esa maldita entrada, y tocaron hacia ti, para ti, para que escucharas que, había lágrimas en los instrumentos, que tus hermanos se iban a acordar siempre de ti.

Aquel Martes Santo, y desde entonces todos los Martes Santo, me acuerdo de ti, Saúl, cada vez que la Virgen y el Mozo empiezan a cruzar el Puente de Piedra, cada vez que las bandas de Zamora, este año Nacor Blanco, tocan mas fuerte porque saben que, ahí arriba, les escuchas y coges tu saxo para acompañarles una vez más.

Aquel Martes Santo nos dejaste huérfanos de tu sonrisa, Saúl.

 

Comentarios