Zamora grita por un tren digno… pero el cansancio empieza a ganar terreno
No más de 300 zamoranos a la sombra en la Plaza del Gobierno...en:
Otra protesta.
Otro manifiesto.
Otra concentración.
Y otra vez la sensación amarga de que Zamora habla sola mientras Madrid mira hacia otro lado.
La Plaza del Gobierno Civil acogió este domingo una nueva protesta convocada por los usuarios del AVE para exigir algo que hace unos años parecía lógico y hoy casi parece ciencia ficción: un tren madrugador digno, puntualidad y un servicio ferroviario que permita vivir en Zamora sin quedar condenado laboralmente.
La pancarta era clara. El manifiesto también. Pero el problema volvió a estar debajo de la propia reivindicación: la escasa respuesta social.
Y sí, hay explicación. O al menos excusas razonables. Puente de la Hiniesta. Fin de semana cargado de comuniones. Mucha gente fuera. Calor sofocante. Una protesta convocada en un domingo complicado. Todo suma.
Pero también hay otra realidad incómoda: el cansancio.
Porque Zamora empieza a acumular demasiadas protestas que apenas logran mover un milímetro las decisiones de RENFE y del Ministerio. Y eso desgasta. Mucho.
La resignación empieza a asomar
José Ramón Andrés lo resumía casi con crudeza resignada: “mejor venir que no venir, aunque ya parece que nos desanimamos un poco en cuanto a la utilidad de las protestas”.
Ahí está la clave.
La sensación de que da igual salir cien que dos mil personas. De que Zamora protesta, grita, presenta manifiestos, recoge firmas y organiza concentraciones… mientras el tren sigue llegando tarde y el madrugador sigue siendo un recuerdo casi mitológico.
Porque la gran reivindicación sigue siendo la misma: poder salir de Zamora a una hora lógica para trabajar en Madrid sin tener que vivir en permanente estrés ferroviario.
Algo que en otras provincias se considera normalidad y aquí parece un privilegio inalcanzable.
Zamora no pide lujo. Pide igualdad
Ese es el gran drama de fondo. Zamora no está reclamando un aeropuerto internacional ni un AVE supersónico. Está pidiendo algo muchísimo más básico: igualdad de oportunidades.
Carlos Perfecto, presidente de la Federación de Usuarios de Alta Velocidad de Castilla y León, volvía a insistir en que el tren madrugador es esencial para fijar población y recuperar talento.
Y tiene razón.
Porque durante años se vendió el AVE como la gran esperanza contra la despoblación. El argumento era sencillo: vivir en Zamora y trabajar en Madrid sería posible. Pero lo que comenzó como una oportunidad se está convirtiendo poco a poco en un castigo burocrático y ferroviario.
Retrasos constantes. Frecuencias recortadas. Horarios absurdos. Trenes que ya ni garantizan llegar antes de las nueve de la mañana a Madrid.
Y mientras tanto, otras ciudades conectadas con la capital siguen creciendo.
El problema ya no es solo laboral
La degradación del servicio empieza además a afectar a absolutamente todo.
Viajes médicos. Erasmus. Excursiones escolares. Turismo. Imagen exterior de la ciudad. Incluso estudiantes que pierden vuelos por retrasos ferroviarios.
Lo que antes era una infraestructura fiable empieza a convertirse en una lotería.
Y eso para Zamora es letal.
Porque una provincia envejecida, despoblada y necesitada de conexiones no puede permitirse perder precisamente aquello que debía acercarla al futuro.
Mucha unión política… y poca respuesta real
Hay un aspecto positivo que sí destacaron los convocantes: la unidad política y social que está mostrando Zamora alrededor de esta reivindicación.
Pocas veces se ve a partidos de distintos colores remando públicamente en la misma dirección. Pero el problema es que esa unidad local choca frontalmente con la indiferencia ministerial.
Y ahí aparece el gran miedo: que Zamora acabe normalizando el abandono.
Que el retraso deje de indignar.
Que perder trenes sea costumbre.
Que llegar tarde sea “lo habitual”.
Y que salir a protestar se convierta simplemente en un gesto testimonial.
Porque quizá lo más peligroso no sea que haya menos gente en una concentración.
Lo verdaderamente peligroso sería que Zamora dejase de salir a la calle.