Zamora entra otra vez en modo fuego: calor africano, monte abandonado y el miedo que nunca se fue de la Sierra de la Culebra
Y no es una exageración. Es memoria.
Porque aquí hablar de incendios forestales ya no es hablar de humo lejano o de un helicóptero sobrevolando una ladera cualquiera. Aquí hablar de fuego es recordar la Sierra de la Culebra ardiendo durante días o este 2025 con Sanabria y Aliste...con pueblos desalojados, animales calcinados, vecinos llorando mirando al horizonte naranja y miles de hectáreas convertidas en ceniza.
Por eso la declaración de peligro medio de incendios forestales en Castilla y León no es una simple nota administrativa más. En Zamora suena a aviso serio. A trauma aún abierto.
Y el problema es que el escenario vuelve a parecerse demasiado al de otros años que terminaron mal.
Temperaturas impropias de mayo. Monte cargado tras una primavera lluviosa. Viento. Matorral descontrolado. Y una provincia donde cada vez hay menos manos para limpiar el campo porque la despoblación también se lleva por delante la gestión natural del territorio.
El monte está precioso… y eso también da miedo
Hace apenas unos días todos hablábamos de Valorio verde, de Sanabria espectacular y de los campos zamoranos rebosando vida tras las lluvias.
Perfecto para las fotos.
Precioso para el paisaje.
Peligrosísimo cuando lleguen 35 grados y el viento.
Porque todo ese verde se convierte en combustible en cuestión de semanas.
Y Zamora lo sabe demasiado bien. Los temidos 3 treinta se darán estos días...y también los pirómanos.
Mucho protocolo… y la misma sensación de fragilidad
La Junta activa avisos, restricciones y medidas extraordinarias. Se suspenden quemas y se incrementa la vigilancia. Hace pocos días faltaba el 30% del personal que tiene que cuidar de que el fuego...en fin errores denunciados para que luego no digan que no se advirtió.
Sobre el papel todo parece controlado.
Pero luego aparecen las preguntas incómodas de siempre:
¿Hay suficientes medios? seguro que no
¿Hay suficiente personal? seguro que no
¿Está realmente preparado el operativo? seguro que no
¿Hemos aprendido algo desde 2022 y 2025? Nada en absoluto.
Los propios profesionales llevan días advirtiendo de carencias estructurales, falta de personal y precariedad en muchos dispositivos forestales.
Y eso inquieta especialmente en Zamora, donde el recuerdo de los grandes incendios sigue demasiado reciente como para confiarse.
Porque aquí ya vimos lo que ocurre cuando el fuego encuentra viento, calor y monte abandonado.
Y no hace falta que nadie nos lo explique desde Valladolid o Madrid.
Sanabria, Aliste y La Culebra vuelven a contener la respiración
Las zonas más sensibles vuelven a ser las mismas de siempre: Sanabria, Aliste, Carballeda y el entorno de la Sierra de la Culebra.
Territorios preciosos… y extremadamente vulnerables.
Territorios donde el verano ya no empieza en julio sino prácticamente en mayo. Donde cada tormenta seca pone nervioso al personal. Y donde cualquier columna de humo provoca automáticamente silencio incómodo y teléfonos echando humo.
Porque el problema ya no es solo el incendio.
Es el miedo acumulado.
La paradoja zamorana: menos gente… más riesgo
Y aquí aparece otra de las grandes contradicciones de esta tierra.
Nos llenamos la boca hablando de la “España Vaciada”, del turismo rural, de la naturaleza espectacular de Zamora y de los montes infinitos… pero cada vez hay menos gente viviendo y cuidando esos pueblos y esos montes.
Menos ganadería extensiva.
Menos limpieza natural.
Menos agricultores.
Menos vida rural.
Y más combustible esperando una chispa.
Porque el abandono también arde.
Que luego no lleguen los lamentos el que avisa no es traidor
La AEMET ya avisa de tormentas secas, viento y temperaturas anormalmente altas para esta época.
Y Zamora entra otra vez en esa época del año en la que cualquier imprudencia puede convertirse en tragedia.
La colilla.
La radial.
La quema “controlada”.
El coche aparcado sobre pasto seco.
La negligencia del listo de turno.
Aquí ya hemos visto demasiadas veces cómo empieza todo.
Y también sabemos cómo termina.
Con helicópteros.
Con humo visible desde media provincia.
Con pueblos evacuados.
Y con políticos prometiendo cambios cuando el monte ya es ceniza.
Ojalá este verano no tengamos que volver a escribir lo mismo de siempre.