Zamora: cierre de sucursales y aforo restringido obligan a mayores a esperar su turno "a la intemperie"
El cierre progresivo de sucursales bancarias en Zamora ha obligado a concentrar a clientes de distintos barrios en un número cada vez menor de oficinas, generando colas prolongadas y dificultades para los vecinos, especialmente los más mayores. La reorganización bancaria responde a estrategias de reducción de costes y digitalización, pero sus efectos se sienten directamente en barrios donde la población es mayoritariamente envejecida y depende de la atención presencial para gestiones básicas.
La escena se repite desde hace días en una entidad bancaria del barrio de Tres Cruces: personas mayores esperan su turno en la calle, sin un espacio cubierto suficiente y expuestas al frío y la lluvia. Algunas jornadas la meteorología concede una tregua; otras, la espera se prolonga en plena vía pública con temperaturas bajas y humedad constante.
La situación genera malestar entre los usuarios, especialmente por el perfil de quienes hacen cola. La mayoría son vecinos de avanzada edad, algunos de 80 años, con problemas de movilidad o salud, lo que convierte la espera en un esfuerzo adicional. Los residentes del entorno observan estas colas diariamente y subrayan que no se trata de un hecho aislado, sino de una consecuencia directa de la concentración de servicios bancarios.
Uno de los factores que agrava la situación es la limitación de aforo en la oficina. Un cartel visible en la entrada fija el máximo en seis personas dentro del local. Con una persona sentada en cada mesa de atención, apenas dos usuarios pueden esperar dentro, lo que obliga al resto a permanecer afuera, incluso cuando el espacio disponible podría acogerlos de manera digna.
En ocasiones, ante la presencia de personas muy mayores, han sido los propios usuarios quienes deciden entrar todos al interior para evitar que continúen esperando en la calle. “No es normal que alguien de 80 años esté fuera en la calle”, explican, resaltando la dificultad de sobrellevar la espera bajo condiciones adversas.
A esto se suma la escasez de atención en caja. Aunque el local dispone de varios puestos, los usuarios denuncian que solo hay una caja operativa, lo que ralentiza las gestiones y prolonga los tiempos de espera, especialmente a principios de mes, cuando se concentran cobros de pensiones y trámites básicos.
Los usuarios insisten en que la queja no se dirige a los trabajadores, sino al modelo bancario que reduce servicios presenciales sin atender la realidad social de una ciudad envejecida. Para muchos, acudir al banco sigue siendo una necesidad básica que depende de atención cara a cara, especialmente para quienes no manejan medios digitales o requieren asistencia para gestiones fundamentales.
La imagen de personas mayores esperando en la calle, sin un espacio habilitado y sin medidas específicas de protección, vuelve a poner el foco en el impacto social de la reorganización bancaria, especialmente en barrios donde el envejecimiento y la pérdida de servicios esenciales condicionan la vida cotidiana.