Vídeo: "No bajes la guardia", la lección de superación desde la parálisis cerebral de "El Langui" en Zamora

Juan Manuel Montilla ofrece en el Congres Ahora Ilusión! su testimonio en primera persona con el que reivindica el esfuerzo, la educación en la exigencia y el valor de la ilusión frente a la sobreprotección
El Langui en el Congreso Ahora Ilusión!
photo_camera El Langui en el Congreso Ahora Ilusión!

Zamora puso rostro y voz a la superación con la participación de Juan Manuel Montilla, conocido artísticamente como El Langui, en el Congreso Ahora Ilusión!, que organiza el mago Miguel Lucas. El actor, rapero y jugador de boccia adaptada llegó a la ciudad para compartir una historia marcada por el diagnóstico de parálisis cerebral en su primer año de vida y por una educación cimentada en la exigencia y la autonomía.

Ante los espectadores que acudieron al Teatro Ramos Carrión, recordó cómo sus padres comenzaron a sospechar que algo no iba bien cuando empezó a perder el equilibrio y a caerse hacia los lados. La confirmación médica, en 1979, supuso un antes y un después en una España sin redes sociales ni acceso inmediato a información sanitaria. “Cuando recibes una noticia así, te cambia la vida”, relató, poniendo el foco en la incertidumbre y la soledad que afrontaban entonces muchas familias.

Lejos de optar por la sobreprotección, sus padres tomaron una decisión que marcaría su trayectoria: no rebajar la exigencia. “Ese es el mayor legado que me han dejado”, subrayó. Le pusieron límites, le exigieron esfuerzo y le proporcionaron herramientas para valerse por sí mismo. “Me lo pusieron difícil”, resumió, reivindicando una educación basada en la constancia y no en la compasión paralizante.

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Montilla en el Teatro Ramos Carrión

El deporte se convirtió en uno de sus principales motores de integración. El fútbol en el recreo, caídas incluidas, fue un espacio de pertenencia y autoestima. Más adelante halló en la boccia adaptada otra vía de desarrollo personal y competitivo. La ilusión —insistió— ha sido siempre su combustible.

Su relato descendió a lo cotidiano y tangible: aprender a vestirse solo, diseñar estrategias para levantarse de la cama sin ayuda, arrastrarse si era necesario tras una caída camino del instituto. Mientras otros tardaban minutos en prepararse, él necesitaba horas. Cada gesto conquistado, sin embargo, reforzaba su autonomía y su confianza.

Miguel Lucas en la apertura del Congreso
Miguel Lucas en la apertura del Congreso

Hubo un punto de inflexión cuando decidió enfrentarse a su nueva realidad con autonomía. Cambió de habitación para buscar su propio espacio. Analizó cómo levantarse de la cama, cómo colocar otra silla junto al cabecero para evitar caídas, cómo deslizar el pie en el calcetín aunque la mano no respondiera como quería. Tareas cotidianas que podían llevarle horas, pero que asumió como entrenamiento diario.

Aprendió a medir el tiempo de otra manera. Mientras otros se vestían en minutos, él necesitaba una mañana entera. Mientras otros bajaban al portal sin pensar, él sabía que podía caer y tener que arrastrarse para incorporarse. Y, aun así, lo hacía. Porque cada caída era parte del aprendizaje.

Recuerda con nitidez la vergüenza de aquellos primeros tropiezos en la calle, la mirada de los vecinos, la sangre en los zapatos tras rasparse contra la arena. Recuerda también a su madre, firme y serena, dejándole espacio para intentarlo de nuevo. No había dramatismo, había constancia.

Esa educación en la exigencia contrasta, según reflexionó, con una sociedad que tiende a facilitarlo todo a los jóvenes, a evitar el berrinche y el esfuerzo.

Montilla introdujo además una reflexión crítica sobre la sociedad actual y la tendencia a facilitarlo todo a las nuevas generaciones. A su juicio, el valor del esfuerzo corre el riesgo de diluirse en una cultura de la inmediatez. En su experiencia, cada logro —abrocharse los zapatos, levantarse del suelo sin asistencia, cargar la mochila— fue fruto de repetición, disciplina y voluntad.

Conocido por su trayectoria artística en el cine y la música, así como por su activismo en favor de la inclusión, El Langui trasladó en Zamora un mensaje coherente con su carrera: la discapacidad no fija los límites; los límites se negocian cada día con trabajo y actitud. En el Congreso Ahora Ilusión, su intervención hiló experiencia personal y reflexión colectiva, convirtiendo la emoción en una herramienta de aprendizaje compartido.

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