Los siete magníficos y Jesús Rodrigo devuelven a Zamora a los años más felices de su juventud
Hay noches que son conciertos y recuerdos. Y hay noches que son viajes en el tiempo. Lo vivido este fin de semana en IFEZA fue mucho más que una sesión musical.
Fue un reencuentro con una generación entera. Una vuelta a aquellos años en los que la música era la banda sonora de nuestras vidas, las discotecas eran templos de amistad y los fines de semana parecían no tener final. Bajo una espectacular luna llena y en un recinto que por momentos pareció quedarse pequeño para tanta emoción acumulada, cientos de personas volvieron a bailar, cantar y recordar los años 80 de la mano de algunos de los DJs y voces que marcaron una época inolvidable en Zamora y su provincia.
La organización lo había anunciado claramente: el objetivo era "volver al lugar donde fueron felices". Y lo consiguieron.
Los DJ de toda una generación
Sobre el escenario fueron desfilando algunos de los nombres que pusieron música a miles de noches zamoranas.
Carbajal volvió a demostrar por qué dejó huella en toda una generación que llenaba salas míticas como Niton's 3. Sus recuerdos en los platos eran los nuestros en aquellos tikets de entrada y primeros escarceos amorosos.
Juan Payá recuperó la esencia más elegante del tecno-pop que convirtió a Caballo Negro en uno de los locales de referencia para cientos de jóvenes de aquellos años. Una intro espectacular y ese punch de aquel momento nos trasladaron a otra época.
Loren hizo que Ramsés II volviera a sonar en la memoria colectiva como si el tiempo apenas hubiera pasado. Y Loren sigue igual con menos pelo pero con un abrazo fácil y aquello de "estás igual o mejor"
Chefo, desde su Faramontanos natal, recordó por qué consiguió convertir su discopub en uno de los puntos neurálgicos de la noche de toda una comarca. Grande en el escenario y muy grande en la calle, si yo les contara...
Diego Duende puso sobre la mesa algo que nunca ha perdido: la capacidad de contagiar alegría. Si alguien era capaz de levantar cualquier pista de baile, era él. Y ojo que sigue dando el cayo y haciéndolo de vicio aunque hayan cambiado los tiempos y las mesas de mezclas.
Y Félix Frades volvió a demostrar que la música española de los 80 sigue ocupando un lugar privilegiado en el corazón de miles de personas. Y lo más dificil...hizo que los vinilos sonaran a música celestial, los technics siguen estando de moda...
La voz de una época
Y si hubo un hilo conductor durante toda la noche ese fue Jesús Rodrigo. Su voz sigue siendo una de las más reconocibles para quienes vivieron aquella edad dorada de la radio, las discotecas y las grandes noches de fiesta. No faltó aqulla canción de cierre que encendía luces...con el ahhhhaaaaa uhhhuuu de Viola Wels.
Su capacidad para conectar con el público volvió a quedar patente desde el primer momento, ejerciendo de perfecto anfitrión de una velada cargada de recuerdos, emociones y canciones que siguen formando parte de la memoria sentimental de varias generaciones. Gracias siempre Jesús....
Mucho más que nostalgia
Lo ocurrido en IFEZA sirvió también para desmontar algunos tópicos. Porque más allá de modas pasajeras, reguetones, tendencias efímeras o corrientes musicales que vienen y van, quedó demostrado que las canciones de los años 80 mantienen intacta una capacidad única para reunir a personas de diferentes edades en torno a una misma emoción. Da igual que fuera pop, rock, tecno o música española.
Aquellas canciones siguen vivas. Y siguen provocando exactamente las mismas sensaciones que hace cuarenta años.
Volver a ser jóvenes por unas horas
Quizá la magia de la noche estuvo precisamente ahí.
Durante unas horas nadie pensó en la edad.
Nadie recordó los calendarios.
Nadie habló de jubilaciones, hipotecas o responsabilidades.
Muchos volvieron a tener 17 o 18 años.
Volvieron a encontrarse con amigos de siempre.
Volvieron a cantar canciones que conocen de memoria, y las sabían todas...
Y volvieron a sentir esa felicidad sencilla que solo provocan los recuerdos de una juventud bien vivida.
IFEZA fue escenario de una fiesta.
Pero también de un homenaje.
A una generación.
A una forma de entender la música.
Y a quienes durante décadas pusieron banda sonora a nuestras vidas.
Los que estuvieron allí difícilmente olvidarán la noche.
Los que no pudieron asistir seguramente habrán escuchado ya hablar de ella. Y los que no están seguro que esta noche allá donde estén silbaron alguno de los himnos de aquellos maravillosos años.
Y todos coinciden en algo. Si hay una segunda edición, que sea pronto. Y que la paguen los que nos cosen a impuestos, los que nos han hecho madurar a golpes de hacienda, ibis y ivas, noches en vela y trabajos de los que hoy nadie quiere hablar, y de los que hoy nadie quiere. Nos hemos vuelto puristas pero en aquel entonces juntar mil pesetas era más complicado que gastar hoy 5 euros en tabaco, que parece fácil pero aquellos maravillosos años fueron de esfuerzo y de mucha lucha.
Porque recordar lo que fue bueno nunca pasa de moda. Y porque, a veces, volver atrás durante unas horas es la mejor manera de seguir avanzando. Por recordarnos todo aquello gracias a Jesús y a los amigos pinchas...que siempre estarán en nuestra memoria.
Recoremos momentos, discotecas, besos robados, agarrados de los de entonces y cariño y morriña porque nunca más volverá a ser lo mismo...y por cierto Jesús, en el próximo por la mañana café y por la tarde noche más ron que nos quedamos con ganas de la penúltima.