El pregón de Margarita en San José Obrero: "Hay que hacer como en la oración corta y devota"
Margarita, una de las vecinas más longevas de San José Obrero, pone voz a toda una generación de mujeres que construyeron barrio, comunidad y futuro en uno de los enclaves más humildes y combativos de Zamora.
Hablar de San José Obrero es hablar de lucha, de raíces y de memoria. Y si hay un nombre que hoy simboliza todo eso, ese es el de Margarita.
Vecina de toda la vida, referente silencioso y ejemplo de superación, ha sido reconocida como representante de esas madres coraje que levantaron el barrio cuando todo estaba por hacer. Cuando no había casi nada… pero lo había todo: ganas.
“Era todo tan nuevo que hasta la niña pequeña, que no tenía ni dos años, se asomaba al balcón y salía corriendo hacia dentro”, recuerda Margarita, evocando aquellos primeros días en los que San José Obrero comenzaba a tomar forma.
Un barrio que nació desde la humildad
Los inicios no fueron fáciles. Casas bajas, caminos sin urbanizar y una vida marcada por la escasez.
“Esto era un barrio de pobres”, explica sin rodeos. “Estaban las casitas de atrás, las del Ayuntamiento… pero no había ni galerías”.
Incluso el entorno tenía otra vida: donde hoy hay viviendas, antes hubo un molino en funcionamiento. “Se veían los carros con el trigo… hasta que lo cerraron y empezaron a construir”.
Aquellas primeras viviendas llegaron tras la riada del puente de Villagodio, en dos tandas, y con condiciones precarias. “Al principio no las daban porque decían que el agua no subía más allá del segundo”.
El día a día tampoco era sencillo. “Íbamos a por agua a una fuente donde hoy está la plaza de Bariego”, recuerda.
Mujeres que sostuvieron el barrio
Pero si algo define aquella época es la unión. La solidaridad entre vecinos y, especialmente, entre mujeres.
“En cada casa había dos o tres niños… y luego más”, cuenta Margarita. Familias jóvenes, sin recursos, pero con una red de apoyo que hoy sigue siendo ejemplo.
Su propia historia es reflejo de esa vida dura: pérdidas, enfermedades, momentos difíciles… pero también resiliencia.
“He vivido cosas buenas y cosas malas”, dice con serenidad. “Pero hoy no quiero asustar a nadie con lo malo”.
Un legado que sigue vivo
Lejos de quedarse en el pasado, Margarita sigue activa. Participa en talleres, dinamiza actividades y mantiene viva la esencia del barrio.
“Tenemos un taller de lectura y otro de memoria. Somos más de 30 personas, aunque no siempre estamos todas. Hay gente de 90 años, incluso un señor de 94”.
La escena es clara: generaciones que resisten, que siguen compartiendo y que mantienen ese espíritu de comunidad que nació en la necesidad.
Más que un barrio, una forma de vida
San José Obrero no se entiende sin estas historias. Sin estas mujeres. Sin estas vidas que, sin hacer ruido, construyeron ciudad.
“Lo único que quiero es que el barrio siga tan unido y tan bien como hasta ahora”, concluye Margarita.
Y quizás ahí está la clave. No en el pasado… sino en lo que se ha sabido conservar.
Porque en San José Obrero, más que calles, hay memoria. Y más que vecinos, hay familia. Y desde Santigo como nos contaba también Tinín que fue el primer presidente del barrio pasando por Bariego o su último presidente hasta ahora Caniel Illán lo importante es hacer barrio y trabajar porque esta gran familia siga lo más unida posible dentro de las posibilidades. No es fácil, el movimiento vecinal se mantiene a duras penas en momentos de individualismo, pero con gente como Margarita aunque solo sea por respeto el barrio está ganado.
ASÍ NOS CONTABA DANI ILLÁN ...