Peña, espabila… y disfruta: el homenaje sorpresa a un hombre que lleva media vida enseñando fútbol y valores
Hay entrenadores que enseñan fútbol.Y hay otros que enseñan algo mucho más importante.
José Luis Peña pertenece a ese segundo grupo.
Por eso, cuando cumplió 50 años, quienes más le conocen decidieron devolverle una pequeña parte de todo lo que ha dado durante años a cientos de niños, familias y compañeros. Y lo hicieron como él menos lo esperaba: organizando una sorpresa que llevaba semanas fraguándose en silencio.
El escenario elegido fue Venialbo. El secreto debía mantenerse a toda costa y para ello fue necesaria una auténtica conspiración de amigos, familiares, padres, madres, jugadores y colaboradores. Una conjura de cariño en la que incluso el alcalde de la localidad se convirtió en cómplice.
Porque engañar a Peña no era tarea sencilla.
Su cumpleaños había sido el día 11, pero como tantas otras veces, el fútbol había vuelto a ocupar el primer lugar. Lo pasó en Aranda de Duero acompañando a sus alevines del CD Amistad 2000 en un torneo. Otra demostración más de que para él el fútbol base nunca ha sido una obligación, sino una forma de vida.
Durante días, la paciente Ana, compañera de viaje, esposa y sufridora silenciosa de tantos entrenamientos, desplazamientos, reuniones y partidos, ejerció como auténtica maestra de ceremonias.
Andrea puso orden en el grupo de WhatsApp donde se organizaba el operativo secreto. Los padres colaboraron. Los amigos guardaron silencio. Y los niños, quizá los más difíciles de convencer, demostraron una madurez admirable.
Ninguno habló.
Ninguno rompió el secreto.
Y eso tiene todavía más mérito cuando hablamos de los pequeños que entrenan cada semana bajo las órdenes de un hombre que ha dejado huella en todos ellos.
Muchos quisieron escribir cartas a su entrenador.
Cartas sencillas.
Cartas sinceras.
Cartas que hablaban de fútbol, de amistad y de aprendizaje.
Pero hubo una palabra que se repetía una y otra vez en casi todas ellas.
"Espabila".
La coletilla más famosa de Peña.
La palabra que utiliza en entrenamientos, partidos, viajes y conversaciones.
Una palabra que ya forma parte del vocabulario sentimental de varias generaciones de jugadores del Amistad 2000.
Faltaba el último paso.
Conseguir que José Luis llegara hasta Venialbo sin sospechar nada.
Y ahí entró en juego el plan perfecto.
El alcalde simuló un problema eléctrico en el salón de actos. Una excusa aparentemente creíble que permitió llevar a Peña hasta el lugar previsto. Después, Ana y los cómplices de confianza hicieron el resto.
La trampa estaba servida.
Al cruzar la puerta y descubrir el salón repleto de familiares, amigos, compañeros, padres y jugadores, el hombre que tantas veces ha dado instrucciones desde la banda se quedó sin palabras.
Por una vez.
Las lágrimas aparecieron antes que cualquier explicación.
Lágrimas de sorpresa.
Lágrimas de felicidad.
Lágrimas de esas que únicamente provocan las cosas que salen del corazón.
Y entonces llegó el grito que resumía perfectamente toda una vida dedicada al fútbol base.
—¡Peña, espabila!
El salón entero estalló en aplausos.
Los niños.
Los padres.
Los amigos.
La familia.
Todos juntos.
Todos unidos por una persona que lleva años regalando tiempo, dedicación y esfuerzo a los demás.
A partir de ahí la tarde se convirtió en una celebración de las que dejan huella.
Peña fue saludando uno a uno a todos los asistentes. Sin prisas. Como hace siempre.
Hubo refrescos.
Hubo comida.
Hubo pasteles.
Hubo tarta.
Hubo abrazos.
Hubo anécdotas.
Hubo recuerdos de miles de kilómetros recorridos detrás de un balón.
Y hasta hubo un pequeño castillo de fuegos artificiales porque los 50 años no se cumplen todos los días.
O sí.
Porque José Luis los cumplió oficialmente el día 11.
Pero volvió a cumplirlos el día 20.
Y probablemente los siga cumpliendo cada vez que uno de esos niños a los que entrenó recuerde alguna enseñanza, algún consejo o algún "espabila" pronunciado desde la banda.
Porque el fútbol son victorias y derrotas.
Ascensos y descensos.
Goles y paradas.
Pero también son personas.
Y pocas personas representan mejor el espíritu del fútbol base zamorano que José Luis Peña.
Por eso este homenaje fue mucho más que una fiesta de cumpleaños.
Fue un agradecimiento colectivo.
El reconocimiento de una familia enorme llamada CD Amistad 2000.
La demostración de cariño de padres, hijos, compañeros del cuerpo técnico, amigos y familiares.
Y la confirmación de algo que todos los presentes sabían desde hace años.
Que José Luis Peña es mucho más grande de lo que él mismo imagina.
Peña, espabila.
Y disfruta.
Porque esto vuela.
Y porque hay personas que dejan huella sin darse cuenta.
Tú eres una de ellas.
Felicidades.