El orgullo de ser uno o una mismo
Cada persona vive su vida como considera. Cuando se cierra la puerta de una casa, de una habitación o simplemente del corazón, nadie debería sentirse juzgado por amar a un hombre, a una mujer o por la forma en la que vive su identidad. Ahí no debería haber etiquetas. Solo personas.
Salir del armario nunca tendría que ser un acto de valentía extraordinaria, sino un paso natural. Nadie debería sentir vergüenza por ser quien es, ni miedo al qué dirán, ni temor a decepcionar a un padre, una madre o unos hijos. La aceptación empieza muchas veces en casa, continúa en la calle y termina convirtiéndose en una sociedad más madura.
La naturaleza es diversa. También lo son las personas. Hay quienes se sienten plenamente identificados con el cuerpo con el que nacieron y quienes viven una realidad distinta. Comprenderlo puede resultar sencillo para unos y difícil para otros, pero el respeto no debería depender de entenderlo todo. Basta con aceptar que cada ser humano merece la misma dignidad.
El Orgullo tampoco necesita convertirse en una batalla permanente entre extremos. La inmensa mayoría de la sociedad convive cada día con absoluta normalidad, y es precisamente esa convivencia la que hace avanzar a un país. Los derechos se consolidan cuando dejan de ser motivo de enfrentamiento y pasan a formar parte del sentido común.
Mientras en España podemos debatir libremente sobre estas cuestiones, todavía existen países donde amar a alguien del mismo sexo o expresar una identidad diferente supone la cárcel, la persecución o incluso la muerte. Esa realidad recuerda que los derechos nunca deben darse por garantizados y que aún queda mucho camino por recorrer.
Ucrania donde ahora hay batallones de gays o lesbianas y su propia población siente rechazo cuando luchan por su país, hipocresía cainita. En Rusia que simplemente se les encarcela o se les lleva a Siberia...En el islam, Marruecos, mismamente donde se les ha perseguido y se les catiga con ...increíble que aún no nos demos cuenta de la globalidad de este mundo, con la situación en la que puedes tener más cromosomas en común con una persona de color que con tu propia hermana.
¿Las diferencias entre hombre y mujer ahora ya no son importantes? En África trabajan ellas y ellos miran, en otras culturas ocurre al revés ellos se desloman y ellas van de "divas"...el ser humano es plural, es o debe ser tolerante y sobre todo utilizar el intelecto que los diferencia aunque parece ser que solo lo hace para crear armas o sistemas de exterminio de la propia raza...
Gays, Lesbianas colectivos LGTBI, binarios o no, pansexual, asexual, Bisexual, Cisgénero, Queer, transgénero, transexual...hombre, mujer.
No se trata de hacer apología de nada. Se trata de defender algo mucho más sencillo: la libertad de vivir sin miedo, sin insultos, sin discriminación y sin prejuicios heredados de otros tiempos.
Cada uno es dueño de su vida. La sociedad solo tiene una obligación: respetarla.
Quizá esa sea la verdadera bandera que merece la pena levantar. No la del enfrentamiento, sino la de la tolerancia, el sentido común y el respeto mutuo.
Porque cuando dejamos de mirar la condición de una persona para fijarnos únicamente en su humanidad, todos ganamos. Y esa sí es una victoria que merece celebrarse cada día del año.
Y el momento de la tolerancia y el orgullo este 2026 la tenemos con este hombre que se transforma cual camaleon ante la situación festiva, igual le da ir vestido de hombre que de mujer, de botijo que de San Pedro o de cofrade de Semana Santa. La tolerancia en Juan Carlos el vendedor de la once es la viva voz de la ciudad y la sociedad. Zamora tiene ejemplos.