Madres y matriarcas así es Zamora: las mujeres que levantaron barrios… mientras otros levantaban discursos
Este domingo volveremos a llenar redes sociales de flores, frases bonitas y fotos de familia. El Día de la Madre se celebra como se celebra todo ahora: rápido, emotivo… y, a veces, demasiado superficial. El dia de la madre es como el día de la mujer, del hombre, del niño o la niña y de los derechos humanos...el dia es siempre.
Pero en Zamora hay madres que no necesitan filtros.
Ni frases hechas.
Ni un solo día al año.
Ahora que tanto se habla de despoblación, de políticas sociales y de “fijar población”, convendría mirar un poco hacia atrás. No mucho. Solo lo justo para recordar quién hizo de verdad Zamora cuando aquí no había ni focos, ni titulares, ni presupuestos millonarios que anunciar. Madres, hoy en su día...hay que decirlo todo.
San José Obrero por ejemplo es uno de esos lugares donde la historia no se escribe en despachos. Se escribe en cocinas, en colas para coger agua y en casas donde nunca faltaban niños… aunque faltara casi todo lo demás.
Ahí aparece Margarita. Pero Margarita no es solo Margarita no es solo una madre coraje de San José Obrero, hubo muchas cientos, en barrios, en pueblos... todas. Es el nombre propio de una generación entera de mujeres que hicieron lo que hoy algunos intentan explicar con palabras rimbombantes: crear comunidad.
Ellas no hablaban de cohesión social. La practicaban.No hablaban de resiliencia. La vivían. No hablaban de conciliación. Simplemente no tenían otra opción. Y tampoco hablaban de prioridad nacional, porque la igualdad no se puede basar en ser español, moro, negro, gay o lesbiana, trans o falangista, se trataba y se trata de ser humano y see persona.
Ellas,llegaron a un barrio donde no había ni infraestructuras, ni comodidades, ni prácticamente futuro escrito. Casas humildes, barro, fuentes públicas y un día a día que hoy costaría explicar sin que alguien piense que es exageración. Igualmente pasó en los Bloques otra "colmena" plagada de bloques de sindicatos....
Pero no lo es.Porque mientras Zamora crecía hacia fuera, había zonas donde primero hubo que sobrevivir… y después, poco a poco, empezar a vivir.
Y ahí estuvieron ellas.
Las que criaron hijos, enterraron penas, sostuvieron familias y aún tuvieron tiempo para levantar un barrio desde la nada. Sin ayudas estructuradas, sin titulares y sin reconocimientos.
Porque aquí viene la otra parte de la historia: a estas mujeres nadie les dio una medalla cuando tocaba, estas madres, esposas, hermanas, tias, abuelas...no se les dio nada.
Hoy sí. Hoy se las homenajea, se las recuerda, se las menciona. Y está bien. Pero llega tarde. Como casi todo en esta tierra.
Mientras tanto, seguimos escuchando discursos sobre la Zamora vaciada, sobre lo difícil que es vivir aquí, sobre lo mucho que cuesta sacar adelante proyectos.
Y uno no puede evitar pensar: ¿de verdad es ahora cuando nos damos cuenta de lo complicado que es?
Que se lo pregunten a Margarita, a María, a tu madre ...a la mia.
Que se lo pregunten a las que iban a por agua a una fuente. Las que lavaban en el río, a las que cuando tocaban a fuego hacían de hombres o de todo...A las que vivieron en casas que no estaban ni terminadas.
A las que perdieron hijos, salud o estabilidad… y aun así siguieron.
Eso sí es Zamora.
No la de las cifras.
No la de los anuncios institucionales.
No la de las fotos bien encuadradas.
La Zamora real es la que no sale en los informes.
La que no se mide en presupuestos.
La que se sostiene en personas.
Y quizás por eso sigue en pie.
Porque si algo ha demostrado esta tierra, y barrios como San José Obrero, es que aquí la gente no espera a que le arreglen la vida. Aquí la gente la construye.
A su manera.
Como puede.
Y muchas veces… sola.
Y luego nos preguntamos por qué Zamora resiste.
Porque eran Madres jóvenes, con dos, tres o más hijos. Sin agua corriente en casa. Caminando a la fuente. Organizándose entre vecinas. Tirando unas de otras cuando no había nada más a lo que agarrarse.
Sin conciliación.
Sin ayudas reales.
Sin discursos.
Solo con una palabra que hoy se usa mucho pero entonces no hacía falta decir: sacar la vida adelante.
Así que este Día de la Madre, más allá del detalle, convendría hacer algo más incómodo: recordar quién nos trajo hasta aquí.
Sin discursos.
Sin postureo.
Sin olvidar.
Porque si Zamora sigue en pie…
es, en gran parte, por ellas.
Y eso no se celebra un día.
Se reconoce todos.