Guarido mira a Madrid y reivindica Zamora: de la corrupción nacional a la "aldea gala" de la política municipal
Bajo el contundente título de "Corrupción, perversión política, prostitución y gambas", el regidor zamorano ha realizado una dura crítica al panorama político nacional, trazando un recorrido que arranca en los grandes escándalos de los años noventa y desemboca en los casos que actualmente ocupan titulares, informes de la Guardia Civil y procedimientos judiciales.
Guarido no se anda con rodeos
Habla de Roldán, Filesa, Gürtel, Kitchen, Montoro, las cloacas policiales, los intermediarios políticos y las influencias de quienes han pasado por las más altas responsabilidades del Estado. Un repaso demoledor a tres décadas de episodios que han erosionado la confianza de los ciudadanos en las instituciones y que han contribuido a alimentar el descrédito de la política.
Pero la verdadera intención de la publicación no parece estar tanto en Madrid como en Zamora.
Porque tras el repaso a la corrupción de unos y otros, el alcalde dirige el foco hacia una realidad mucho más cercana. Una ciudad que, según defiende, ha conseguido mantenerse alejada de los grandes escándalos que periódicamente sacuden la política nacional.
La "aldea gala" de Guarido
La imagen elegida no es casual.
Guarido recurre a la metáfora de la "aldea gala", aquella pequeña comunidad de Astérix que resistía frente a un imperio aparentemente invencible. En su relato, Zamora aparece como ese pequeño territorio donde la convivencia política entre diferentes sensibilidades ideológicas se ha impuesto a la confrontación permanente que domina el escenario nacional.
Una ciudad donde, según sostiene el alcalde, la gestión pública ha estado marcada por la limpieza en las cuentas, el respeto institucional y la ausencia de los grandes casos de corrupción que han protagonizado tantos titulares durante décadas.
No es la primera vez que el regidor reivindica esa forma de hacer política.
Desde su llegada a la Alcaldía, Guarido ha construido buena parte de su discurso público sobre dos pilares: el control del gasto y la transparencia en la gestión municipal. Dos argumentos que han acompañado buena parte de sus mandatos y que vuelven a aparecer, aunque esta vez de forma indirecta, en su reflexión.
Un mensaje que trasciende las siglas
La publicación también tiene una lectura que va más allá de los partidos.
En un momento en el que la política nacional atraviesa una nueva etapa de desgaste institucional, con investigaciones, grabaciones, enfrentamientos permanentes y acusaciones cruzadas, el alcalde lanza una defensa explícita de la política municipal como espacio de cercanía y normalidad.
No habla únicamente de Izquierda Unida.
No habla exclusivamente del Ayuntamiento.
Habla de una forma de convivencia política que, con sus diferencias y debates, ha permitido durante años mantener un clima institucional muy distinto al que se observa en muchas administraciones superiores.
Y eso tiene también su mérito.
Porque en una época en la que el ruido parece haberse convertido en protagonista, Zamora continúa demostrando que es posible discrepar sin romper puentes.
La política que importa a los ciudadanos
Quizá por eso el mensaje de Guarido conecta con una sensación cada vez más extendida entre la ciudadanía.
Mientras los titulares nacionales se llenan de informes, comisiones, investigaciones y enfrentamientos partidistas, la preocupación diaria de los zamoranos sigue estando en cuestiones mucho más cercanas: el empleo, la vivienda, las infraestructuras, la limpieza, los servicios públicos o la lucha contra la despoblación.
Problemas reales que no entienden de estrategias de partido ni de guerras de despacho.
Por eso la reflexión del alcalde termina teniendo una lectura que trasciende el enfrentamiento político habitual.
Es una reivindicación de la política útil frente a la política espectáculo.
De la gestión frente al titular.
Y de una ciudad que, con todos sus problemas y desafíos pendientes, sigue siendo capaz de presumir de algo cada vez más escaso en el panorama nacional: una vida pública razonablemente tranquila, unas cuentas saneadas y una convivencia institucional que muchos territorios mirarían hoy con cierta envidia.
En tiempos de tormenta política, Guarido ha querido recordar que existe otra forma de gobernar.
Y, como tantas veces, ha utilizado Zamora como ejemplo.