En la ciudad y la provincia donde nunca pasa nada, la realidad es que si pasa de todo

EDITORIAL | Cuando Zamora deja de remar: el cortijo empresarial que nos sigue haciendo pequeños

Zamora lobbys cámara de comercio
Ni la Cámara, ni Caja Rural, ni los lobbies, ni los de siempre pueden seguir confundiendo sus intereses con los de toda una provincia
Hay una frase que se repite desde hace décadas en Zamora: "todos a una". Se pronuncia en los discursos, en los foros empresariales, en las campañas institucionales, en las presentaciones de proyectos y hasta en las fotografías oficiales donde todo son apretones de manos y sonrisas.

La realidad, desgraciadamente, es otra.

Cada cierto tiempo vuelve a estallar una guerra silenciosa entre quienes dicen representar a los empresarios zamoranos. Esta vez el escenario ha sido la Cámara de Comercio. Antes fue Zamora 10. Mañana será cualquier otra institución donde el poder, la influencia y los equilibrios vuelvan a imponerse sobre el interés general.

Y eso es lo verdaderamente preocupante.

Porque mientras otras provincias pelean por atraer empresas, inversiones y talento, en Zamora seguimos demasiado ocupados decidiendo quién manda sobre un territorio cada vez más pequeño.

La Cámara no puede vivir permanentemente en el conflicto

La reelección de Enrique Oliveira es completamente legítima desde el punto de vista del pleno celebrado. Obtuvo doce votos frente a seis y la Cámara continúa funcionando mientras el recurso administrativo sigue su curso.

Ahora bien, una cosa es la legitimidad formal y otra muy distinta la legitimidad social.

Cuando una parte importante del tejido empresarial mantiene abierto un recurso, cuando existe una división tan evidente y cuando el propio presidente habla de "factores externos" que habrían actuado desde la sombra, la institución tiene la obligación de explicar, aclarar y convencer. No basta con decir que todo ha terminado si una parte importante considera que todavía quedan cuestiones por resolver.

La Cámara debe ser mucho más que un órgano administrativo.

Debe ser la casa de todos los empresarios. Y hoy, desgraciadamente, no lo parece.

La oposición tampoco tiene un cheque en blanco

La candidatura alternativa se presentó como la candidatura de la unidad, la transparencia y la renovación. Habló de abrir la Cámara, de devolver protagonismo a Caja Rural y de representar a todos los sectores empresariales.

Es un discurso atractivo. Pero la renovación también exige transparencia.

Los empresarios zamoranos tienen derecho a saber quién impulsa cada candidatura, qué modelo defienden y cuáles son sus compromisos.

Porque cambiar unas personas por otras no significa necesariamente cambiar una forma de hacer las cosas.

Y Zamora ya ha aprendido demasiadas veces que los relevos personales no siempre implican un verdadero cambio de rumbo.

Caja Rural también debe aceptar la crítica

Caja Rural de Zamora es, probablemente, la institución económica más importante de la provincia.

Eso nadie lo discute.

Su compromiso con el territorio, con el deporte, con la cultura, con las asociaciones y con cientos de iniciativas sociales resulta evidente.

Pero precisamente por ese enorme peso económico e institucional también debe aceptar que sus decisiones puedan ser analizadas y cuestionadas.

Cuando desde la entidad se habla de comportamientos con una "carga de amoralidad muy importante", los zamoranos tienen derecho a conocer exactamente a qué hechos se refiere. No basta con lanzar mensajes de enorme gravedad si después no se concretan públicamente.

La transparencia no puede exigirse únicamente hacia fuera.

También debe practicarse hacia dentro.

Zamora 10: el gran sueño que terminó desinflándose

Quizá el mejor ejemplo de todo lo que estamos viviendo sea Zamora 10. Nació con una misión extraordinaria. Unir.

Sentar en la misma mesa a empresarios, administraciones, universidad, asociaciones y entidades financieras para empujar todos en la misma dirección.Durante un tiempo ilusionó. Después llegaron las diferencias. Las dimisiones. Las salidas. Las rupturas.Y el proyecto que pretendía cambiar Zamora acabó convertido en otro ejemplo de división. Es una pena.

Porque Zamora 10 podía haber sido mucho más que un foro empresarial. Podía haber sido un movimiento social capaz de cambiar la mentalidad de toda una provincia.

El verdadero problema no son las personas

Aquí nadie posee el monopolio de la razón.

Ni Enrique Oliveira.

Ni Alfonso Martín.

Ni Caja Rural.

Ni CEOE.

Ni AZEHOS.

Ni ninguna de las empresas que participan en uno u otro bloque. El problema es otro.

El problema aparece cuando las instituciones dejan de servir al conjunto para convertirse en escenarios donde unos y otros miden fuerzas. Cuando los proyectos dejan de hablar de empleo para hablar de poder. Cuando la política entra por la puerta de las organizaciones empresariales. Y cuando los empresarios empiezan a parecerse demasiado a los partidos políticos. Eso sí que debería preocuparnos. Porque la empresa no entiende de colores.

Entiende de resultados.

Zamora necesita menos egos y más acuerdos

Cada día cierran negocios. Cada año perdemos población. Cada verano faltan trabajadores.Cada vez cuesta más atraer inversiones. Y mientras tanto...

Seguimos gastando energías en guerras internas.

Resulta paradójico.

Los mismos que piden unidad cuando hay que reclamar infraestructuras a Madrid o Valladolid son incapaces de mantener esa misma unidad cuando se sientan alrededor de una mesa en Zamora.

Así es imposible competir.

La Caja de todos... y la Cámara de todos

Durante años hemos escuchado hablar de la Caja de todos los zamoranos. Y también de la Cámara que representa a todos los empresarios.

Pues bien.

Ha llegado el momento de que ambas expresiones dejen de ser un eslogan. Si Caja Rural quiere seguir siendo el gran motor económico de Zamora, debe mantener abiertas todas las puertas del diálogo. Si la Cámara quiere recuperar prestigio, debe convertirse en un lugar donde nadie se sienta excluido. Y si las asociaciones empresariales quieren volver a ser útiles, tendrán que dejar de mirarse entre ellas para empezar a mirar hacia la provincia.

Porque mientras discutimos...

...otras provincias avanzan. Captan empresas. Abren polígonos. Crean empleo. Retienen jóvenes.

Y aquí seguimos preguntándonos quién manda.

La reflexión final

Quizá el mayor enemigo de Zamora nunca haya sido la despoblación.

Quizá haya sido esa vieja costumbre de dividirnos en pequeños reinos donde cada uno defiende su parcela aunque el conjunto salga perdiendo.

No hacen falta más lobbies.

No hacen falta más guerras silenciosas.

No hacen falta más comunicados cruzados.

Lo que hace falta es que quienes tienen capacidad para decidir entiendan, de una vez por todas, que la gestión empresarial no puede jugar a la política.

Porque cuando las empresas empiezan a comportarse como partidos, quienes terminan perdiendo no son los dirigentes.

Pierde Zamora.

Y esa derrota ya dura demasiados años.

Pero...¿Quién manda realmente en Zamora?

Es una pregunta incómoda, pero necesaria.

¿Mandan las instituciones o quienes tienen capacidad para influir sobre ellas?

¿Mandan los empresarios o los grupos empresariales?

¿Mandan los proyectos o las personas?

Porque da la sensación de que, en Zamora, cambian los nombres, cambian los cargos y cambian los protagonistas, pero los hilos siguen moviéndose desde los mismos despachos de siempre.

Mientras tanto, el pequeño empresario sigue pagando impuestos, levantando la persiana cada mañana, peleando por mantener a sus trabajadores y sin tiempo para guerras de poder que nada tienen que ver con sacar adelante una empresa.

Ese autónomo no entiende de recursos administrativos, de ejecutivas, de comités ni de comunicados cruzados.

Entiende de facturas. De nóminas. De clientes. De financiación.

Y de llegar vivo al final de cada mes.

Quizá habría que empezar a escuchar mucho más a ese empresario que nunca sale en las fotografías oficiales y bastante menos a quienes convierten cada institución en un tablero de ajedrez.

Porque Zamora necesita líderes. No estrategas. Necesita proyectos. No bandos. Necesita cooperación. No trincheras.

Y, sobre todo, necesita dejar de confundir la defensa de intereses particulares con la defensa del interés general.

La historia demuestra que una provincia pequeña solo crece cuando quienes tienen capacidad para influir son capaces de remar en la misma dirección.

La pregunta ya no es quién ha ganado las elecciones de la Cámara.

La verdadera pregunta es si Zamora puede permitirse seguir perdiendo mientras unos pocos siguen empeñados en ganar.