Cuando la música no entiende de etiquetas: Carlos Ares conquista Zamora
Carlos Ares conquista Zamora con un concierto irrepetible en el convento de San Francisco: folk celta, rock indie y poesía para una tarde mágica
Hay conciertos que se escuchan. Y hay conciertos que se viven.
Lo de Carlos Ares en el escenario de San Francisco fue de lo segundo. Una experiencia musical difícil de encasillar y aún más difícil de olvidar. El artista gallego y su banda ofrecieron este sábado uno de esos directos que dejan huella, un viaje sonoro entre el folk de raíces celtas, el pop alternativo, el rock indie y una propuesta tan personal como inclasificable.
La liturgia del vermut musical acabó convirtiéndose en mucho más que un concierto. El público fue dejándose llevar por una actuación que creció con cada tema hasta desembocar en un anochecer mágico, con los últimos arreboles iluminando las piedras centenarias del antiguo convento de San Francisco, uno de los escenarios con más encanto de la capital zamorana.
Una banda diferente para una música diferente
Carlos Ares llegó acompañado por una formación de seis músicos capaces de convertir cualquier instrumento en una herramienta creativa.
Guitarras españolas.
Acústicas.
Eléctricas.
Violín.
Bongós.
Percusiones imposibles.
Y hasta una sartén acompañada de una llave inglesa que encontró su espacio dentro de un espectáculo donde la experimentación y la originalidad forman parte de la propia esencia del proyecto.
El resultado fue un sonido fresco, atrevido y lleno de matices que escapa de cualquier etiqueta convencional. Las chicas fueron otro espectáculo, gamberras desenfadadas con guitarras acústicas, españolas y violines...todo un lujo y un directo ecléptico y electrizante a veces y calmado y con letras de filosofía razonable al estilo Manolo García...
La nueva ola que enamora en directo
Con apenas dos discos publicados, Peregrino y La Boca del Lobo, Carlos Ares se ha convertido en uno de los nombres emergentes más interesantes del panorama musical español.
Antes de ponerse al frente de su propio proyecto ya era un cotizado productor, compositor y arreglista para algunos de los artistas más destacados del nuevo pop nacional.
Ahora brilla con luz propia. Y lo hace porque ofrece algo diferente.
Sus canciones mezclan filosofía cotidiana, sensibilidad poética y una búsqueda constante de nuevas sonoridades que encuentran en el directo su máxima expresión.
San Francisco, un escenario para el recuerdo
El público zamorano respondió desde el primer minuto a una propuesta que quizá no sea la más comercial, pero sí una de las más auténticas que han pasado por la programación musical de este año.
Las armonías vocales, las melodías envolventes y la perfecta coordinación de una banda que funciona como un mecanismo de precisión fueron construyendo un ambiente especial a medida que avanzaba la tarde.
Había algo de folk atlántico.
Algo de rock independiente.
Algo de música tradicional reinterpretada.
Y mucho de personalidad propia.
Las voces femeninas que acompañan a Carlos Ares aportaron además una dimensión casi coral a un espectáculo donde cada detalle parecía medido al milímetro.
Un concierto de los que se recuerdan
Hay actuaciones que terminan cuando se apagan los amplificadores.
Y otras que permanecen durante días en la memoria del espectador.
La de Carlos Ares pertenece claramente a la segunda categoría.
Porque más allá de canciones concretas, dejó la sensación de haber asistido a algo distinto.
Una propuesta arriesgada, elegante y profundamente personal que encontró en Zamora y en el entorno de San Francisco el escenario perfecto para desplegar toda su magia.
Una tarde de música diferente.
Una tarde de emociones.
Y uno de esos conciertos que explican por qué los ciclos musicales con encanto siguen teniendo tanto sentido en una ciudad como Zamora.