El pescado en bandeja gana espacio en los supermercados: la comodidad puede encarecer la compra hasta un 45%

Pescadería. Foto qcom.es
El modelo de autoservicio gana terreno en las grandes cadenas de distribución

En los supermercados españoles, el pescado en bandeja continúa avanzando posiciones frente al modelo tradicional de pescadería atendida. Una transformación silenciosa que responde a cambios en los hábitos de consumo, pero que abre un debate de fondo: si la comodidad que ofrece el producto preparado tiene o no un coste añadido para el bolsillo del consumidor.

Según un análisis de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), que recoge qcom.es, el sobreprecio no es uniforme, pero sí aparece con claridad en determinados productos. En el caso de pescados pequeños o muy elaborados, la diferencia es significativa: la dorada fileteada puede costar de media un 27% más, mientras que la lubina alcanza incrementos cercanos al 45%. Sin embargo, en especies como la merluza o el salmón, cuando se comparan cortes equivalentes, las diferencias de precio prácticamente desaparecen.

El estudio se basa en la comparación de precios de cuatro especies de alto consumo —dorada, lubina, merluza y salmón— en diez cadenas de distribución, y apunta a una conclusión matizada: el encarecimiento depende del tipo de producto y del grado de preparación.

En paralelo, la OCU constata una tendencia creciente en la distribución alimentaria hacia la sustitución progresiva de la pescadería tradicional por formatos de libre servicio. Grandes cadenas como Mercadona han impulsado esta transición hacia el pescado ya limpio y envasado, mientras otras como Lidl llevan años consolidando modelos de autoservicio con producto preparado en bandeja o congelado.

Este cambio responde también a una lógica interna del sector. Según la organización, el formato en bandeja permite a los supermercados simplificar la operativa de tienda, reducir espacios destinados a mostradores y zonas de manipulación, y mejorar la organización del trabajo del personal. La preparación previa del producto facilita la planificación y reduce la dependencia de la afluencia diaria de clientes, habitual en el modelo tradicional.

A ello se suma una estandarización del producto: cortes homogéneos, gramajes definidos, etiquetado uniforme y una presentación más constante en el lineal. Sin embargo, este modelo implica también la desaparición de una parte clave del servicio tradicional, como el asesoramiento personalizado, la adaptación del corte o la recomendación directa del profesional.

Para el consumidor, el cambio presenta una doble lectura. Por un lado, el pescado en bandeja aporta rapidez, evita colas, reduce la manipulación en el hogar y llega listo para cocinar, con información clara sobre conservación, lote y fecha de envasado. Este formato se adapta especialmente a hogares pequeños o a compras de baja planificación, donde la inmediatez es un factor determinante.

Por otro lado, la OCU advierte de la pérdida de control sobre el producto. En la pescadería tradicional, el cliente puede elegir la pieza, ajustar la cantidad y valorar la frescura mediante indicadores visuales y organolépticos como los ojos, las agallas, la piel o el olor. Elementos que desaparecen en gran medida en el formato envasado, donde la confianza recae en el etiquetado y en la correcta conservación de la cadena de frío.

El incremento del uso de envases constituye además otro elemento en el debate, especialmente entre consumidores sensibles al impacto ambiental de los residuos generados por el envasado individualizado.