La doble herida de las personas LGTBIQ+: discriminación, salud mental y riesgo de adicciones

Imagen de archivo de Orgullo LGTBIQ+ en Zamora

Especialistas advierten de que el rechazo social, la ocultación de la identidad y el denominado estrés de minorías pueden aumentar la vulnerabilidad al consumo de sustancias y dificultar el acceso a tratamiento.

El rechazo, la discriminación y los delitos de odio continúan siendo una realidad para muchas personas del colectivo LGTBIQ+ en España. Según el Informe Estado del Odio 2024, el 40% de las personas LGTBI+ ha sufrido algún acto de odio en los últimos cinco años. Más allá de las consecuencias visibles, estas experiencias pueden tener un profundo impacto en la salud mental y convertirse en un factor de vulnerabilidad frente a las adicciones.

Desde el centro especializado en tratamiento de adicciones Esvidas recuerdan que la orientación sexual o la identidad de género no son la causa de una adicción. Sin embargo, advierten de que vivir durante años bajo el peso del rechazo, el miedo al juicio social o la necesidad de ocultar quién se es puede generar un importante desgaste emocional.

"Hay personas que no consumen para divertirse. Consumen para poder hablar, para entrar en un grupo, para soportar la vergüenza o para tapar un malestar que llevan años arrastrando", explica Margarita de la Paz Pascual, psicóloga de Esvidas.

Los especialistas señalan que en este contexto adquiere especial relevancia el denominado estrés de minorías, un concepto que describe la carga psicológica derivada de la exposición continuada a situaciones de discriminación, rechazo o hipervigilancia social.

"La acumulación sostenida de estas experiencias puede afectar a la autoestima, la seguridad personal, las relaciones sociales y la salud mental", subraya la profesional.

En algunos casos, las sustancias se convierten en una vía rápida para aliviar la ansiedad, combatir la soledad o facilitar la integración en determinados entornos sociales. Entre ellas figuran el alcohol, el cannabis, la cocaína, el GHB, la mefedrona o la metanfetamina, algunas de las cuales están asociadas a prácticas de chemsex.

El informe de Madrid Salud sobre chemsex correspondiente al periodo 2021-2022 refleja que el 77% de las personas atendidas consumía mefedrona, el 41,7% GHB y el 29,5% anfetaminas. Además, más del 30% reconocía haber consumido estas sustancias en solitario.

Historias detrás de las cifras

Detrás de estos datos se encuentran historias personales como la de Álvaro, paciente de Esvidas Montealto, quien asegura que durante años utilizó el consumo como una forma de escapar del rechazo hacia sí mismo.

"Mi gran reserva de consumo es el rechazo que tengo conmigo mismo por mi orientación sexual", relata.

Tras iniciar un proceso de recuperación, hoy anima a otras personas a buscar apoyo profesional.

"No te imaginas la luz tan grande que encuentras cuando entras en un centro de recuperación", afirma.

El miedo a pedir ayuda

Los expertos alertan además de que las personas LGTBIQ+ pueden encontrar obstáculos añadidos a la hora de solicitar ayuda. El temor a sentirse juzgadas o incomprendidas sigue siendo una barrera frecuente.

"Una persona que pertenece a este colectivo tiene que lidiar con la exposición y el juicio social solo por su orientación sexual. El miedo a no ser comprendido por un profesional retrasa con frecuencia el primer paso", explica Ana Herrera, educadora social de Esvidas.

Por este motivo, el centro apuesta por una atención inclusiva que tenga en cuenta la realidad completa de cada paciente.

"No consiste en crear un trato especial, sino en ofrecer un tratamiento capaz de ver a la persona completa, dentro de una biografía marcada por experiencias, vínculos y salud mental", señala Herrera.

Desde Esvidas insisten en que las personas LGTBIQ+ no son más vulnerables por su identidad u orientación sexual, sino por las barreras sociales que todavía persisten. Visibilizar esta realidad y derribar prejuicios resulta fundamental para facilitar que quienes necesitan ayuda puedan acceder a tratamiento sin miedo, sin estigma y sin sentirse juzgados.